El CTA ha decidido marcarse como objetivo personal ser el Comité más inepto de toda la historia tras su último Tiempo de Revisión.

 

Hay momentos en los que el debate arbitral deja de ser fútbol. Deja de ser interpretación, criterio o incluso error. Y pasa a ser otra cosa. Algo mucho más básico, mucho más elemental.

Pasa a ser una cuestión de ver.

Porque lo ocurrido en el último Tiempo de Revisión del CTA no es discutible. No es una jugada gris. No es una interpretación discutida. Es una imagen clara, directa, sin margen para el análisis complejo. Un balón sobre la línea, un contacto con el balón en juego y una decisión que dice exactamente lo contrario.

Y ahí ya no hay excusa.

La acción es la que es. Thiago intenta poner el centro, Amrabat llega tarde y le clava los tacos en la cara interna del tobillo en la pierna de apoyo. Es una acción dura, peligrosa, al límite incluso de la roja. Pero ni siquiera hace falta entrar ahí. Porque antes de discutir la gravedad, hay que discutir lo básico: el balón está en juego.

Y, como se aprecia claramente en este vídeo, lo está de forma muy evidente.

 

 

 

No hace falta tecnología avanzada, ni trazados, ni líneas, ni interpretaciones milimétricas. Basta con ver la imagen. El balón está sobre la línea en el momento del contacto. No medio fuera, no dudoso, no en el aire. Sobre la línea. Dentro.

Aun así, el CTA ha decidido salir públicamente a decir lo contrario.

Y cuando un organismo con acceso a todas las cámaras, a todas las repeticiones y a todos los recursos posibles afirma algo que cualquier persona puede desmentir con una imagen, el problema ya no es arbitral. Es de credibilidad. Es de capacidad.

Es, directamente, de incompetencia.

Porque esto no va de cambiar un criterio. No va de reinterpretar una mano o de ajustar una línea de fuera de juego. Esto va de negar la realidad. De decir que algo no está pasando cuando está pasando delante de todo el mundo.

Y eso es gravísimo.

Si diez personas se sientan en una mesa, ven una pantalla y ninguna es capaz de distinguir si un balón está dentro o fuera del campo, el problema no es del fútbol. El problema es de esas diez personas. Y la solución no es justificarlo. Es levantarse y dejar paso a otros.

Porque lo mínimo que se le puede exigir al Comité Técnico de Árbitros es tener ojos en la cara. Y hoy ha quedado claro que no.

Durante meses se ha debatido sobre su criterio, sobre su coherencia, sobre su forma de interpretar el reglamento. Se ha hablado de decisiones discutibles, de cambios de criterio, de interpretaciones incomprensibles. Pero lo de hoy va un paso más allá.

Hoy hemos descubierto que el problema no es solo cómo interpretan el fútbol.

Es que no lo están viendo.

Porque no hay otra explicación posible. No la hay. No existe una interpretación alternativa que sostenga lo que han dicho. No existe un ángulo oculto que justifique esa decisión. No existe una lectura técnica que lo respalde.

Solo existe una imagen… y una negación de esa imagen.

Y eso convierte el Tiempo de Revisión en algo muy distinto a lo que debería ser. Lo convierte en un escaparate de errores. En una exposición pública de decisiones que no se sostienen. En una demostración, semana tras semana, de que el problema no se corrige, sino que se amplifica.

Cada intervención del CTA ya no sirve para aclarar nada. Sirve para confirmar que no hay un criterio sólido detrás. Que no hay una base firme. Que no hay, en definitiva, un nivel acorde a lo que exige una competición de este calibre.

Y lo más preocupante es que ya no sorprende.

Se ha normalizado tanto el error que lo único que cambia es el tipo de error. Un día es una interpretación absurda, otro día es un criterio inventado y hoy es directamente negar lo evidente. Pero el resultado siempre es el mismo: decisiones que no resisten el mínimo análisis.

Mientras tanto, desde dentro se intenta sostener un discurso que ya no se cree nadie. Se habla de transparencia, de tecnología, de precisión. Pero la realidad es otra. La realidad es que cada tiempo de revisión deja más dudas que certezas.

Y que cada intento de justificar lo injustificable solo agrava el problema.

Porque llega un punto en el que ya no queda nada que perder.

Se ha perdido el criterio. Se ha perdido el sentido común. Se ha perdido la credibilidad.

Y hoy, con esta decisión, se ha perdido lo último que faltaba.

La capacidad de ver.

Porque cuando el fútbol deja de ser interpretado y empieza a ser negado, ya no estamos hablando de errores. Estamos hablando de algo mucho más simple.

Un CTA que no está a la altura.

Y el debate ya no es si es más o menos inepto. El debate es si estamos ante el CTA más inepto de toda la historia.