Quintero González firmó su resurrección arbitral tras una actuación de gran personalidad en el Real Madrid – Celta de Vigo.
Quintero González llegaba al Santiago Bernabéu en un momento de forma bastante discutible. Sus últimos partidos habían dejado una imagen de inseguridad arbitral: errores de apreciación, muestras de seguridad ante fallos evidentes y constantes, y varias intervenciones del VAR que habían corregido decisiones importantes. No era, precisamente, el perfil ideal para un Real Madrid – Celta de Vigo en el que ambos se jugaban puntos vitales en la lucha por sus respectivos objetivos, y su designación se interpretó como una apuesta arriesgada del CTA. Un árbitro en baja forma, señalado y cuestionado, aterrizaba en uno de los escenarios más exigentes del mundo. Y sin embargo, contra todo pronóstico, en el Bernabéu todo cambió.
Gestión perfecta de las expulsiones
Desde el primer minuto se vio a un Quintero muy distinto al de semanas anteriores: decidido a dejar jugar, a no detener el ritmo por contactos menores y a dar protagonismo al fútbol. Señaló solo 19 faltas en un partido de enorme intensidad, gestionó una primera parte tranquila y, cuando llegó el examen de verdad, con el Madrid buscando la remontada y el ambiente encendido, mantuvo el pulso firme. Expulsó a Fran García por dos amarillas tan claras como poco habituales de ver en el Bernabéu. Minutos después, mostró personalidad absoluta al expulsar a Carreras: amarilla por protestar y roja directa al llamarle “malísimo”. Ambas decisiones, correctas y valientes, retratan a un árbitro que ayer no se escondió. Y cuando el Madrid se quedó con nueve y el equipo entero le rodeó en un estallido de protestas, Quintero supo templar: no expulsó por inercia, esperó a que la situación bajara de temperatura y, solo entonces, amonestó Valverde y, tras ello, a Rodrygo, sin romper definitivamente el partido. Ese manejo emocional, entendiendo el contexto y evitando una tercera expulsión innecesaria, terminó siendo una de las decisiones más inteligentes de su noche.
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— Fútbol en Movistar Plus+ (@MovistarFutbol) December 7, 2025
Su única mancha en el encuentro
Otra de las jugadas que generó polémica —más por desconocimiento que por dificultad— fue la que involucró a Carreras y Javi Rueda. En la acción, Carreras recibe un agarrón claro de Rueda y, justo después, suelta el brazo hacia atrás y golpea al propio defensor. Son dos infracciones consecutivas de dos jugadores distintos, y en esos casos el reglamento es categórico: no existe ventaja posible, el juego debe detenerse de inmediato. Quintero actuó exactamente como debía, aunque el Real Madrid no entendiera la decisión y parte de la prensa la interpretara como un error. No lo fue. Fue reglamento puro. Su única mancha real del partido llegó en la acción del codazo de Borja Iglesias sobre Bellingham: una amarilla evidente que dejó sin mostrar. Nada más. Ni roja —como algunos reclamaron sin fundamento— ni acción grave: un golpe típico en la protección del balón que, por abrir brecha, pareció más duro de lo que fue. Ese fue su único lunar en un arbitraje sobresaliente.
Quintero González sube de crédito para el CTA
Con el pitido final, Quintero González salió del Santiago Bernabéu con un crédito que nadie, absolutamente nadie, habría imaginado hace apenas unas semanas. Llegaba bajo sospecha, con varios partidos flojos a la espalda, con dudas sobre su autoridad y su capacidad de gestión. Y sin embargo, firmó una actuación de enorme personalidad, aplicando el reglamento con firmeza, manejando la tensión con inteligencia y tomando decisiones valientes en los momentos más calientes del encuentro. Lo que ayer hizo Quintero en el Bernabéu no es común y el CTA lo sabe: dirigir un Real Madrid – Celta de Vigo, expulsar a dos jugadores del equipo local, aguantar la presión del estadio y salir de allí con un arbitraje sólido es algo que eleva su perfil dentro del colectivo. Por eso puede hablarse, sin exagerar, de una resurrección arbitral. Quintero se ganó ayer un respeto que no tenía y un lugar, quizá inesperado, en la lista de árbitros aptos para partidos de alta exigencia. A partir de aquí, dependerá de él mantener este nivel. Pero anoche, en Madrid, dio un paso adelante que vale mucho más que un simple partido bien arbitrado.


