El CTA pasó por completo del acta arbitral al analizar una posible expulsión de Olasagasti en el Levante – Real Oviedo.
Hay momentos en los que el Comité Técnico de Árbitros consigue algo muy difícil: que ya no se hable de una jugada polémica, ni de un error arbitral, ni siquiera de una interpretación discutible. Consigue que se hable de algo mucho peor: de la sensación de que quien revisa las jugadas ni siquiera las revisa. Lo ocurrido esta semana en el vídeo del “Tiempo de Revisión” del CTA sobre el Levante – Real Oviedo es, sencillamente, una de las meteduras de pata más grandes que se recuerdan en este tipo de comunicados.
El CTA se inventó una tarjeta amarilla a Olasagasti
La jugada en cuestión era una entrada durísima, unos tacos al tendón de Aquiles, una acción feísima, sin disputa real de balón, de esas que normalmente se consideran roja directa sin demasiada discusión. Gil Manzano sancionó falta y no expulsó al jugador. Hasta ahí podemos entrar en el terreno de la interpretación, del criterio, del error o del acierto. Lo que no entra en ningún terreno lógico es lo que vino después.
En su vídeo semanal, el CTA decidió analizar la jugada y, en lugar de reconocer que se trataba de una acción de roja directa o, al menos, de una acción mal resuelta disciplinariamente, decidió dar por buena la decisión de campo. Pero no solo eso. En el vídeo explican que la decisión correcta fue sancionar la acción con tarjeta amarilla. El problema es que esa tarjeta amarilla no existió. No se la sacó al jugador. La amarilla fue para el entrenador del Real Oviedo por protestar. Al jugador no le mostró ninguna tarjeta.
Es decir, el organismo encargado de revisar las jugadas arbitrales no se dio cuenta de algo tan básico como a quién se le enseñó una tarjeta amarilla en el partido. No revisaron el acta. No revisaron las imágenes completas. No confirmaron la información. Simplemente vieron una amarilla en la retransmisión, asumieron que era para el jugador que había hecho la falta y construyeron toda su explicación en base a una suposición errónea.
¿Qué revisó realmente el Comité?
Esto ya no es un debate arbitral. Esto no es una discusión de reglamento. Esto es algo mucho más grave: es falta de rigor. Porque si el CTA, que es el máximo órgano arbitral encargado de analizar jugadas, explicar decisiones y marcar criterio, ni siquiera comprueba a quién se le enseñó una tarjeta en una jugada que están analizando públicamente, entonces la pregunta es inevitable: ¿qué revisa realmente el CTA?
Da la sensación de que el proceso es mucho más simple y mucho más preocupante de lo que debería ser. Parece que alguien se sienta, ve la jugada en la retransmisión, ve que el árbitro saca una amarilla, da por hecho que es para el jugador, escribe un guion rápido, graban el vídeo en quince minutos y listo. Sin revisar actas, sin hablar con el árbitro, sin comprobar todos los ángulos, sin confirmar la información básica. Y luego ese vídeo se publica como si fuera la explicación oficial y técnica de la jugada.
Lo grave no es solo el error. Lo grave es la ligereza con la que se comete. Porque cualquiera puede equivocarse, también el CTA. El problema es que aquí el error no es una interpretación discutible de una jugada complicada. El error es no haber hecho el trabajo mínimo de comprobar qué pasó realmente en el partido. Es como corregir un examen sin leer las preguntas.
Otro metedura de pata para la colección
Y lo peor de todo es que probablemente no pase nada. No habrá rectificación pública. No habrá un nuevo vídeo diciendo que se equivocaron. No habrá una disculpa. Simplemente se pasará página, como si nada hubiera ocurrido, como si no fuera grave que el organismo que debe marcar el criterio arbitral publique un análisis basado en algo que ni siquiera sucedió.
El CTA quiere ser un organismo técnico, serio, pedagógico y transparente. Pero para ser todo eso hay que empezar por lo básico: revisar las jugadas antes de analizarlas. Porque si el “tiempo de revisión” se convierte en el “tiempo de suposición”, entonces el problema ya no es un error arbitral puntual. El problema es que el sistema que se supone que revisa los errores tampoco funciona. Y eso sí que es realmente preocupante.