El CTA sigue su imparable camino hacia el descrédito absoluto con una nueva decisión surrealista que puede condicionar a los árbitros.

 

Las declaraciones de Isaac Fouto en El Partidazo de COPE han dejado al descubierto una de las decisiones más preocupantes del actual Comité Técnico de Árbitros: enviar “a la nevera” a los árbitros que cometan dos errores de VAR en un mismo partido. Este fin de semana, según explicó Fouto, hasta cinco colegiados han sido apartados, entre ellos Gil Manzano y Milla Alvéndiz.

La cuestión no es si un árbitro que comete errores graves debe ser sancionado. Eso es incuestionable. El problema es el método, el mensaje y, sobre todo, las consecuencias colaterales de una política que parece más pensada para escenificar mano dura que para mejorar realmente el arbitraje.

Según esta lógica, si el árbitro de VAR tiene que llamar dos veces al colegiado de campo, ese árbitro va directamente a la nevera. Dos partidos, como mínimo, sin arbitrar. Menos designaciones, menos ingresos y una penalización profesional clara. El CTA pretende así incentivar la excelencia, pero en realidad está sembrando miedo.

 

Influencia directa en los árbitros de menor experiencia

 

Porque ahora conviene hacerse una pregunta clave: ¿Con qué libertad va a trabajar un árbitro habitual de VAR de Segunda División, un Trujillo Suárez, un González Francés, un De la Fuente Ramos, cuando tenga delante a un Gil Manzano, a un Sánchez Martínez o a un Hernández Hernández?

La primera vez llamará, si la jugada es clara. Pero la segunda… ¿estará igual de convencido? ¿O pensará que quizá no es tan evidente, que mejor no intervenir, que no merece la pena mandar a un “peso pesado” a la nevera por una acción «interpretativa»? Este sistema condiciona directamente la toma de decisiones y rompe la esencia del VAR, que debería ser corregir errores, no calcular consecuencias internas.

La contradicción se agrava aún más con las declaraciones del propio Fran Soto el pasado mes de noviembre, quien afirmó que “la calificación es peor por una intervención en la que no había que hacerlo que por no intervenir cuando se debía”. Es decir, para el CTA es más grave intervenir mal que no intervenir ante un error claro y manifiesto.

 

Respuesta a por qué el VAR está dejando de intervenir

 

Con este mensaje, el árbitro de VAR recibe una señal perversa: equivocarte por acción es peor que equivocarte por omisión. El resultado es evidente: ante la duda, no intervengas.

Paradójicamente, el caso de Milla Alvendiz demuestra que ni siquiera esa prudencia garantiza nada. No intervino en el penalti señalado por Hernández Hernández en el Valencia – Espanyol, pese a existir una falta previa clara. El VAR no actuó… y aun así fue enviado a la nevera tras las quejas del club catalán, las cuales son totalmente justificadas ya que el error desde el vídeo-arbitraje es grave y evidente. Pero entonces, ¿en qué quedamos? ¿Es peor intervenir o no intervenir? ¿Depende del partido, del ruido o del escudo?

El caso de Gil Manzano es otro ejemplo revelador. Ha sido apartado por dos acciones en el Real Sociedad – Barcelona, cuando la primera de ellas es claramente al límite, una jugada que puede engañar incluso a árbitros de máximo nivel. Penalizar con dureza este tipo de acciones no eleva el listón: lo vuelve irreal.

 

El colectivo arbitral está perdiendo la confianza en el nuevo CTA

 

El CTA anterior cometió errores, muchos. Pero tenía algo que este no está demostrando: cierta coherencia y respeto interno. El actual comité toma decisiones reactivas, improvisadas, propias de quien no entiende cómo funciona un grupo arbitral desde dentro. Mandar árbitros a la nevera como castigo automático no es liderazgo. Es gestión por miedo. Y un arbitraje dirigido desde el miedo no es más justo, ni más preciso, ni más valiente. Es simplemente un arbitraje paralizado.

Y eso, dentro del propio colectivo arbitral, ya lo saben.