Alberola Rojas, entre una designación absolutamente merecida y la incapacidad del CTA.
La designación de Javier Alberola Rojas para la final de la Copa del Rey entre Atlético de Madrid y Real Sociedad no ha pasado desapercibida. Ni mucho menos. La polémica ha estallado de forma inmediata, con críticas dirigidas al CTA por nombrar a un árbitro que apenas unos días antes había dejado de señalar un penalti sobre Mbappé en el Real Madrid – Girona. Para muchos, una especie de “premio” difícil de entender. Para otros, una decisión que requiere algo más de contexto. Y ahí es donde empieza realmente el análisis.
Porque lo primero que hay que dejar claro es algo básico: esta designación no se decide ahora. No se decide después del Real Madrid – Girona. No se decide en caliente. Esta designación lleva semanas cerrada. Los árbitros de una final no se eligen a última hora, sino que se preparan con antelación, tanto a nivel físico como mental. Alberola Rojas sabía desde hace tiempo que iba a dirigir esta final, al igual que el resto del equipo arbitral. Pensar lo contrario es no entender absolutamente nada de cómo funciona el arbitraje profesional.
Al CTA no le da
El problema no es ese. El problema es otro. Y ahí sí hay que señalar directamente al CTA. Porque si ya sabías que Alberola Rojas iba a pitar una final de Copa del Rey, ¿qué sentido tiene ponerle a arbitrar un Real Madrid – Girona a escasos días de ese partido? Ninguno. Absolutamente ninguno. Es una decisión sin lógica, una más dentro de una temporada en la que el CTA ha demostrado una preocupante falta de visión.
Porque esto era perfectamente evitable. Era previsible. Era lógico pensar que, si Alberola Rojas tenía una actuación polémica en ese partido, su nombre iba a quedar marcado justo antes de la final. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido. Una gestión deficiente que ha generado un ruido innecesario alrededor de una designación que, en condiciones normales, no habría generado ninguna duda.
Y aquí es donde hay que decirlo claro: al CTA no le llega. No le llega la capacidad de anticiparse a este tipo de escenarios. No le llega la batería mental suficiente para entender las consecuencias de sus propias decisiones. Y eso es lo verdaderamente preocupante. No el error arbitral puntual, que puede tener cualquiera, sino la falta de planificación desde arriba.
Una designación absolutamente merecida
Dicho esto, y dejando a un lado la gestión del CTA, hay que entrar en lo verdaderamente importante: la designación de Alberola Rojas. Y aquí no hay debate posible. Es una designación absolutamente merecida.
Porque sí, Alberola Rojas viene de cometer un error en el Real Madrid – Girona. Pero reducir su temporada, o peor aún, su trayectoria, a una sola jugada es simplemente no entender nada. Todos los árbitros se equivocan. Todos. Desde el mejor hasta el peor. El propio Clément Turpin, considerado el mejor árbitro del mundo, ha tenido partidos en Champions con errores graves. Forma parte del juego.
Lo que define a un árbitro no es un error puntual. Es su rendimiento global. Y ahí Alberola Rojas está muy por encima de la media. No solo esta temporada, donde sigue situado entre los mejores, sino especialmente en las anteriores. Dos temporadas consecutivas siendo el árbitro más destacado de la Liga no son casualidad. Son el resultado de un nivel altísimo sostenido en el tiempo.
Personalidad, criterio y capacidad de decisión
Un árbitro con personalidad, con criterio, con capacidad para controlar partidos complejos y con una lectura del juego que le ha permitido consolidarse como una referencia en el arbitraje español. Su progresión ha sido constante y le ha llevado, además, a escalar posiciones a nivel UEFA, donde ya se encuentra en la segunda categoría más importante.
A sus 34 años, Alberola Rojas está en un punto clave de su carrera. En ese momento en el que debe empezar a asumir responsabilidades mayores. Y esta final llega, incluso, con cierto retraso. Porque por nivel, por trayectoria y por rendimiento, es un árbitro que ya debería haber dirigido un partido de este calibre.
Además, el contexto actual del arbitraje español refuerza aún más su elección. Los árbitros internacionales están firmando una temporada muy por debajo de lo esperado. Nombres como Hernández Hernández, Sánchez Martínez o Martínez Munuera no están ofreciendo el nivel necesario. Y otros como Munuera Montero, que sí están en buen momento, ya han tenido su reconocimiento reciente.
Una merecida designación manchada por la incapacidad del CTA
Por tanto, la elección de Alberola Rojas no solo es lógica, es la mejor posible. A día de hoy, no hay un árbitro en España que ofrezca más garantías para dirigir una final de este nivel. Ninguno. ¿Puede equivocarse? Por supuesto. Como todos. Pero si hay que elegir a alguien por rendimiento, por trayectoria y por momento, la respuesta es clara.
El problema no es Alberola Rojas. El problema, una vez más, es el CTA. Su gestión, su falta de previsión y su incapacidad para evitar situaciones que terminan explotándole en la cara.
Porque cuando haces bien una designación, pero la rodeas de decisiones absurdas, lo único que consigues es ensuciarla. Y eso es exactamente lo que ha pasado. La final es merecida. La gestión, no.