Dos penaltis mal señalados, una expulsión perdonada y un arbitraje irregular. El Bernabéu volvió a ser escenario de debate.
El arbitraje de Muñiz Ruiz en el Real Madrid–Sevilla volvió a dejar una sensación preocupante que va más allá de un partido concreto. El colegiado, internacional desde hace dos temporadas, afrontaba en el Santiago Bernabéu uno de los encuentros más importantes desde que ascendió Primera División. No era una designación menor ni casual: se trataba de un choque de máxima exigencia, con dos equipos históricos, presión ambiental elevada y un contexto competitivo que obligaba al árbitro a mostrar jerarquía, claridad de criterio y control emocional. Y, una vez más, no estuvo a la altura.
Muñiz Ruiz atraviesa desde hace tiempo un momento delicado. Es uno de los árbitros con peor valoración de la categoría, acumula un número elevado de intervenciones del VAR y ha mostrado reiteradas dificultades para sostener partidos intensos sin ayuda externa. Su nombramiento como internacional fue, para muchos dentro del arbitraje, precipitado. Y tanto el CTA como la UEFA parecen haber ido detectando con el paso de los meses que el salto de nivel le ha quedado grande.
El precedente inmediato tampoco ayudaba. El Sevilla–Barcelona que dirigió semanas atrás fue, sin exagerar, el peor partido arbitrado de su trayectoria en Primera División: errores de apreciación, descontrol disciplinario y constantes correcciones desde la sala VOR. Aun así, el CTA volvió a confiar en él para otra prueba de fuego. El resultado fue similar.
Muñiz Ruiz fue de más a menos en la primera mitad
Eso sí, el partido empezó bien para Muñiz Ruiz. Mostró personalidad desde el inicio con una tarjeta amarilla a Rodrygo por simulación en el área, una decisión correcta y valiente que muchos árbitros habrían evitado en un escenario como el Bernabéu. También estuvo acertado en la amonestación a Marcão por una entrada dura pero sin contacto real: la acción era aparatosa, con la pierna por delante, pero sin impacto suficiente para hablar de roja. El criterio fue el adecuado y, además, incluso de haber mostrado la expulsión, el VAR no habría intervenido al tratarse de una acción interpretativa.
⁉️💥 ¿Da para roja directa la acción entre Rodrygo y Marcao?
✅ 𝗡𝗢.
👉🏻 El brasileño no impacta de lleno y tampoco existe fuerza excesiva en la acción.
⚠️ Sin embargo, sí debió ver la segunda amarilla al tener una previa por un piscinazo en el área. pic.twitter.com/WYa3gyV8Us
— Archivo VAR (@ArchivoVAR) December 20, 2025
El problema llegó poco después y marcó el desarrollo del encuentro. Rodrygo, ya amonestado, cometió una entrada por detrás sobre el propio Marcão, golpeándole en la zona del talón de Aquiles. No fue una acción violenta, pero sí claramente merecedora de segunda tarjeta amarilla. El árbitro no la vio o no quiso verla, y el Real Madrid evitó una expulsión en la primera parte que habría cambiado de forma significativa el partido. Este error, grave por contexto y por consecuencias, condicionó todo lo que vino después.
Una segunda parte muy caótica
En la segunda mitad, Muñiz Ruiz alternó aciertos claros con fallos difíciles de justificar. La expulsión de Marcão por doble amarilla fue incuestionable: tanto la primera como la segunda amonestación eran claras y el Sevilla terminó con justicia en inferioridad numérica. Además, el acta arbitral recoge que el central brasileño insultó gravemente al colegiado en portugués, lo que previsiblemente se traducirá en una sanción adicional de varios partidos.
También fue correcto el penalti señalado a favor del Real Madrid por una patada clara de Juanlu sobre Rodrygo dentro del área. Acción limpia, sin debate, bien resuelta. Hasta ahí, los aciertos.
Pero a partir de ese momento, el arbitraje se descompuso por completo. Muñiz Ruiz señaló un penalti absolutamente inexistente de Oso sobre Bellingham, en una acción en la que el defensor toca claramente balón y apenas hay contacto posterior. Fue una decisión tan sorprendente que ni el propio Bellingham parecía convencido de haber sido objeto de falta. El VAR corrigió con rapidez, anulando una pena máxima que nunca debió señalarse.
🖥️💥 Calamitosa segunda mitad de Muñiz Ruiz en el Real Madrid – Sevilla.
👉🏻 Oso puntea claramente el balón y, tras ello, toca de forma ligera a Bellingham.
✅ 𝗡𝗢 𝗘𝗦 𝗣𝗘𝗡𝗔𝗟𝗧𝗜.
▪️ El colegiado gallego tuvo que acudir al monitor del VAR para corregir su decisión. pic.twitter.com/XOXbdgu6cJ
— Archivo VAR (@ArchivoVAR) December 20, 2025
Y cuando el partido ya estaba cargado de tensión, llegó el último error grave: otra falta de Sow sobre Rodrygo, esta vez fuera del área, que el árbitro volvió a señalar como penalti. De nuevo, intervención del VAR para corregir una decisión errónea de campo. Dos penaltis mal pitados, uno bien señalado y una expulsión perdonada conforman un balance difícilmente defendible.
Muñiz Ruiz demostró que sigue sin estar al nivel
Para un árbitro internacional, cometer tres errores de este calibre en un mismo partido es inadmisible. No se trata de jugadas grises ni de interpretaciones complejas, sino de decisiones básicas mal resueltas. El Real Madrid–Sevilla debía servir para medir su crecimiento; terminó confirmando sus limitaciones.
Muñiz Ruiz no está preparado, a día de hoy, para dirigir grandes partidos. Y cada nueva designación de este tipo no hace más que reforzar esa sensación. El crédito se agota, la confianza disminuye y el margen de error, en este nivel, ya no existe.


