El Manchester City – Real Madrid dejó cinco acciones polémicas y uno de los arbitrajes más flojos que se le recuerdan a Clément Turpin.

 

El Manchester City-Real Madrid disputado anoche en el Etihad Stadium dejó mucho fútbol, mucha tensión y también una actuación arbitral muy discutible de Clément Turpin, protagonista negativo de un encuentro en el que se produjeron cinco acciones polémicas. Dos de ellas terminaron en errores graves tanto del colegiado francés como del VAR, una tercera fue un error de Turpin corregido desde la sala VOR y las otras dos, pese a las protestas, estuvieron bien resueltas al no existir infracción punible.

 

¿Penalti de Fran García a Cherki?

 

La primera jugada conflictiva llegó en los primeros minutos, con una posible caída de Cherki dentro del área tras un leve contacto de Fran García. El atacante del Manchester City se internó en zona de castigo, tocó ligeramente el balón hacia su derecha y, en ese momento, recibió un toque mínimo en el lateral del pie. Fue un contacto real, sí, pero absolutamente insuficiente para señalar penalti.

De hecho, la reacción posterior del jugador citizen, retorciéndose durante varios segundos como si hubiera sufrido una entrada durísima, no se corresponde en absoluto con la entidad de la acción. El VAR revisó rápido y acertó al no intervenir: no había nada. Fue una jugada muy protestada, pero no pasa ni de lejos el corte de penalti.

 

El VAR dejó pasar una mano en el área del Real Madrid

 

Poco después llegó la primera gran polémica del partido, y también el primer error serio de Turpin. En un balón colgado al área, Haaland prolongó la jugada y el esférico acabó golpeando en el cuerpo de Fran García antes de impactar en su brazo izquierdo. Aquí hay que explicar bien el matiz, porque es clave: el lateral del Real Madrid tenía ambos brazos por delante del cuerpo, pero el balón no golpea en el brazo derecho, que incluso podría generar más debate por el movimiento previo, sino en el izquierdo, que estaba claramente separado y ocupando un espacio que no le corresponde.

Que el balón venga rebotado del muslo no exime automáticamente de infracción. Ese argumento, usado muchas veces de forma simplista, no sirve cuando el brazo está extendido y amplía volumen. El rebote previo puede salvar una mano cuando la posición es natural o cuando no hay espacio ganado, pero no aquí. Era penalti y ni Turpin ni el VAR estuvieron a la altura

 

 

Doble error en el campo corregido por el VAR

 

La segunda gran acción sí terminó siendo corregida, aunque volvió a dejar muy mal retratado al colegiado francés. En una jugada embarullada en el área del City, Vinicius dispuso de varios intentos y, en el último de ellos, Bernardo Silva desvió el balón con el codo cuando se dirigía claramente a gol. La acción venía precedida de una posible posición de fuera de juego del brasileño, pero esa duda quedó despejada: Vinicius estaba en posición legal.

 

 

A partir de ahí, la acción de Bernardo es muy clara. Aunque parta con los brazos atrás, saca el codo de forma voluntaria, ocupa un espacio que antes no ocupaba y evita con ello una ocasión clarísima de gol, prácticamente un tanto hecho. Turpin no señaló nada en directo, pero el VAR sí le llamó correctamente al monitor. Tras revisar la jugada, señaló penalti y mostró roja directa a Bernardo Silva. También aquí hubo quien habló de doble castigo, pero conviene recordarlo: la exención de la roja solo existe cuando hay una disputa genuina por el balón. En este caso no la hay. Es una mano deliberada para impedir gol. Roja de manual.

 

 

¿Roja directa para Donnarumma?

 

Ya en la segunda mitad llegó una jugada que también levantó bastante ruido, aunque estaba bien resuelta. Vinicius pidió roja directa para Donnarumma tras una salida del guardameta en un balón largo. El atacante madridista se lanzó el balón en largo, quedó prácticamente emparejado con el portero y terminó chocando contra él.

Sin embargo, la clave es que Donnarumma no hace ningún movimiento adicional hacia el jugador. Sale, fija posición y es Vinicius quien termina yendo directamente al contacto, sin intentar evitarlo ni buscar otra línea de carrera. No hay entrada, no hay zancadilla, no hay acción temeraria ni imprudente. No era ni falta ni, por supuesto, roja directa. Otra decisión correcta de Turpin en un partido donde, por desgracia para él, los aciertos fueron minoría.

 

Penalti al limbo sobre Mbappé

 

El último gran error de la noche llegó con un penalti clarísimo sobre Mbappé que ni el árbitro ni el VAR quisieron ver. Aït-Nouri agarró de forma prolongada al delantero francés desde varios metros antes de entrar al área, estirándole la camiseta y condicionando claramente su carrera. La acción no solo no cesa, sino que continúa hasta dentro del área y termina provocando que Mbappé se desequilibre en el momento decisivo.

No se trata del típico contacto leve o del clásico forcejeo compartido entre atacante y defensor. Es un agarrón continuado, visible, sostenido y con consecuencias directas sobre la jugada. Por reglamento, si la infracción comienza fuera pero se prolonga y termina dentro del área, el castigo correcto es penalti. Y aquí lo era. Muy claro, además. Incluso habría que entrar a valorar el componente disciplinario en función de la posición de los demás defensores, aunque eso ya queda más abierto a interpretación. Lo indiscutible es que la pena máxima debió señalarse.

 

 

Balance arbitral catastrófico de Clément Turpin y el VAR

 

El balance arbitral del encuentro deja muy mal parado a Clément Turpin. Acertó en dos acciones en las que realmente no había margen para inventar nada, pero falló en tres, dos de ellas sin corrección del VAR y una tercera teniendo que ser salvado desde la sala de vídeo. En un partido de esta exigencia, con tanto foco encima y tanto peso competitivo, su actuación estuvo muy lejos del nivel que se le presupone a uno de los árbitros de mayor nombre dentro del panorama UEFA. El VAR, aunque algo menos desacertado, tampoco estuvo fino: corrigió una mano clarísima de Bernardo Silva, pero dejó sin señalar dos penaltis que debieron alterar claramente el rumbo del encuentro.