El partido dejó un arbitraje muy pobre. Lo que no dejó fue escándalo. Repasamos las cuatro acciones que han incendiado las redes y explicamos por qué tres de ellas, sencillamente, no existen.

 

Argentina remontó a Inglaterra en Atlanta con un zapatazo de Enzo Fernández en el 85′ y un cabezazo de Lautaro Martínez en el 91′, ambos servidos por Messi. Y entonces, como viene siendo costumbre en este Mundial, pasó lo de siempre: en cuanto la albiceleste gana, empiezan a brotar acciones polémicas de debajo de las piedras. Acciones que, cuando las pones bajo la lupa, resulta que de polémicas no tienen absolutamente nada.

Conviene recordar que el guion estaba escrito antes del pitido inicial. La prensa inglesa llevaba días vendiendo que a Messi le había tocado «su árbitro favorito», contando victorias de la MLS como si eso significara algo. Cuando montas el relato la víspera, luego solo tienes que ir rellenando huecos. Y eso es exactamente lo que ha pasado.

Vamos con las cuatro acciones. Pero antes, lo que sí fue un problema de verdad.

 

El arbitraje: eso sí es criticable

 

La primera parte de Ismail Elfath fue de las que no se olvidan, y no en el buen sentido. Imposible de empeorar. Se tragó tarjetas a puñados, permitió un juego brusco constante, no supo cortar las interrupciones y remató la faena añadiendo tres minutos, que es la mejor manera de resumir un partido que jamás controló. Y no era imprevisible: su designación ya había levantado ampollas después de que su actuación en el España – Uruguay fuera una de las más señaladas del torneo, criticado precisamente por lo mismo, por dejar jugar más de la cuenta. La FIFA lleva semanas en modo trolear con las designaciones, y esta fue una más.

En la segunda mitad pasó más desapercibido, básicamente porque el partido se le fue por otro lado. Pero el daño ya estaba hecho.

 

Acción 1. Enzo sobre Anderson

 

Y aquí está la única acción que de verdad merece debate, que curiosamente es la que menos ruido ha hecho. Tras una infracción previa sobre un jugador argentino que Elfath no señala, Enzo entra con muchísima intensidad encimando a Elliot Anderson por detrás y le deja el brazo entre la espalda y la cabeza. El golpe es contundente.

 

 

¿Es roja? No termina de dar. Para expulsar en unas semifinales del Mundial hace falta un movimiento de brazo más claro, más de agresión; aquí él lo que hace es dejarlo puesto. Y el balón está a distancia de ser jugado, la disputa existe. Ahora bien, sí es cierto que se la juega: si el árbitro decide roja en el campo, el VAR jamás se la quita. Es de esas.

Lo que no admite discusión es que era amarilla. Clarísima. Y si existiera la naranja, naranja. En el minuto tres, con ese partido, esa cartulina te marca el límite de todo lo que viene después. Elfath ni se la planteó. Ahí perdió el encuentro. Como después con el patadón sobre Bellingham, otra amarilla que se quedó en el bolsillo.

 

Acción 2. El «entradón» a Messi que no existe

 

A Messi se le va largo un control, Anderson llega y despeja el balón. Al despejar, le raspa ligeramente la rodilla. Un raspón. No hay presión, no hay impacto, no hay nada: es un defensor que juega el balón limpiamente y al que el rival le invade la zona de influencia después.

 

 

No es ni falta. Por eso no se señaló. Pero apareció el fotograma de rigor en redes vendido como entradón criminal, y ahí seguimos.

 

Acción 3. El fuera de juego que se ve a simple vista

 

Esta es de las que uno se lleva las manos a la cabeza. Se ha vendido que Messi estaba en fuera de juego en la acción del segundo gol. Y no hace falta ni tirar líneas, ni esperar a la recreación del semiautomático, ni saber reglamento. Hace falta mirar la imagen dos segundos.

 


Messi está a medio metro de una de las líneas del corte del césped. Los defensores ingleses están a casi dos metros de esa misma línea. O sea: están por detrás de él. Casi todos. Es geometría de guardería. Basta con usar como referencia las franjas del césped, que están ahí, gratis, en todas las imágenes, para entender que no hay fuera de juego posible. Y, efectivamente, ni el sistema de detección semiautomática ni la cabina del VAR encontraron nada que señalar. El gol es legal y no había ni debate.

 

Acción 4. El «pisotón» a Spence

 

La última, y la más delicada. En la disputa dentro del área previa al centro de Messi, ha circulado un fotograma en el que parece que el argentino pisa a Djed Spence. Parece. Porque en los vídeos completos que han ido apareciendo se ve que no hay contacto: Messi salta al defensor precisamente para evitarlo, porque estaba atacando y cometer esa falta habría sido absurdo.

 

 

Y hay tres detalles que lo rematan. Uno: Spence se duele de la pierna que tenía apoyada, no de la que supuestamente recibe el pisotón. Dos: continúa la jugada con total normalidad. Y tres, el más importante: no reclamó absolutamente nada al árbitro. Un futbolista profesional al que le acaban de pisar dentro del área en unas semifinales del Mundial no se queda callado. Nunca.

 

El nivel del debate

 

Y aquí está el fondo del asunto. Un fotograma congelado, elegido desde el ángulo adecuado y modificado con IA, puede sugerir una cosa. Un vídeo completo, no. La diferencia entre los dos es, básicamente, la diferencia entre manipular y analizar.

Que haya un mal arbitraje es normal y hay que decirlo, y este lo fue. Que se debata una acción límite como la de Enzo es sano. Lo que ya no se sostiene es coger un raspón, una posición que se resuelve mirando las rayas del césped y una foto sin vídeo, y montar un escándalo mundial. Eso no es criticar el arbitraje: es ruido.