Atlético de Madrid – Arsenal: tres acciones polémicas y un arbitraje que no estuvo a la altura.

 

El Atlético de Madrid – Arsenal dejó tres acciones polémicas claras y la sensación general de que el arbitraje de Danny Makkelie no estuvo al nivel de unas semifinales de Champions League. Fue un partido excesivamente interrumpido, con faltas de poco peso y sin continuidad, algo que acabó afectando directamente al ritmo y al espectáculo. Pero más allá de la gestión general del encuentro, lo realmente relevante es que el VAR tuvo que corregirle en dos ocasiones, lo que ya marca el tono del arbitraje.

 

Penalti asumible de Hancko sobre Gyokeres

 

La primera acción llega en la primera mitad y es, probablemente, la más discutida a nivel interpretativo. Gyökeres recibe dentro del área en una posición muy favorable para rematar, completamente estático, y Hancko llega por detrás e impacta con todo su cuerpo en su espalda.

 

 

Aquí está la clave: no es un empujón con las manos, pero sí un impacto claro con el cuerpo. Y, sobre todo, se produce sobre un jugador que está parado. Esto es fundamental para entender la acción.

 

¿Similar a la acción entre Marcos Llorente y Dani Olmo?

 

Se ha comparado mucho con el posible penalti de Marcos Llorente sobre Dani Olmo en el Atlético – Barcelona de la eliminatoria anterior, pero no son jugadas iguales. Dani Olmo va en carrera, con inercia hacia adelante, y el contacto de Llorente es leve, sin un gesto claro de empuje. En ese contexto, es muy difícil que un contacto así derribe al atacante.

En cambio, aquí Gyökeres está completamente estático. Cuando un jugador está parado, cualquier impacto por detrás le desestabiliza de forma natural. Además, el contacto de Hancko es más intenso que el de Llorente, aunque no sea exagerado.

No es un “penaltazo”, no es una acción clarísima, pero sí es un penalti pitable. De esos que, si el árbitro lo señala en directo, el VAR no entra porque es defendible. Y eso es exactamente lo que ocurrió. Decisión sostenida.

 

Mano clara de Ben White

 

La segunda acción llega en la segunda mitad y aquí ya no hay prácticamente debate. Tras un despeje, el balón cae fuera del área y Marcos Llorente golpea, impactando en la mano de Ben White.

Es una mano muy clara por varios factores acumulativos. Primero, la posición: el brazo está completamente separado del cuerpo, ocupando un espacio que no es natural. Segundo, la altura y orientación: el brazo no solo está abierto, sino que desciende hacia una zona muy baja, casi a la altura de la pierna. Y tercero, el movimiento: cuando el balón se aproxima, la mano va hacia él.

 

 

Ese gesto es determinante. No es una mano pasiva ni una posición simplemente amplia: hay un movimiento claro hacia la trayectoria del balón. Con todos estos elementos, la acción es completamente punible.

Aquí el árbitro no lo aprecia en directo y necesita la intervención del VAR para acudir al monitor. Finalmente, corrige y señala el penalti. Es una acción bien resuelta, pero que vuelve a evidenciar que el árbitro no estuvo fino en la lectura inicial.

 

Valiente intervención del VAR

 

La tercera acción es, sin duda, la más controvertida. En una jugada dentro del área, un atacante del Arsenal se adelanta a Hancko y cae tras un posible contacto. Makkelie señala penalti en directo y, en ese momento, la sensación es que puede haber un pisotón claro.

Sin embargo, las repeticiones cuentan otra historia. Puede existir un roce mínimo previo, muy leve, con la plancha, pero no tiene entidad suficiente para ser sancionado. Y posteriormente, el posible pisotón es, en el mejor de los casos, ligerísimo, en la puntera del pie.

 

 

Nada de eso justifica la caída del jugador, que se deja caer de forma exagerada, con un gesto totalmente desproporcionado respecto al contacto. Es un piscinazo claro pese a ese mínimo roce.

Aquí entra en juego un punto importante: el VAR en Champions no funciona como en otras competiciones. En ligas como la española o la inglesa, muchas veces se evita intervenir si hay cualquier tipo de contacto. Pero en Champions el listón es distinto. El contacto tiene que ser suficiente para justificar la caída. Y en este caso no lo es.

Por eso hay que poner en valor la intervención del VAR, que actúa con criterio y corrige la decisión inicial. No era una acción fácil de anular, porque hay un contacto mínimo, pero es claramente insuficiente. Buena intervención.

 

Arbitraje sin nivel de Danny Makkelie

 

El balance global deja un arbitraje irregular de Danny Makkelie. No fue un desastre absoluto, pero sí un arbitraje que no alcanza el nivel exigido en unas semifinales de Champions. Demasiadas interrupciones, poco control del ritmo del partido y, sobre todo, dos errores importantes corregidos desde el VAR.

La sensación final es clara: la UEFA ha apostado por árbitros que no son habituales en este tipo de escenarios y el resultado no ha sido el esperado. Ahora queda por ver si en los partidos de vuelta recurre a perfiles más consolidados, porque en la ida el nivel arbitral ha quedado por debajo de la exigencia de la competición.