El VAR decidió intervenir al entender que existían dos infracciones simultáneas en el tercer gol del Córdoba.

 

La acción que desembocó en la anulación del tercer gol del Córdoba en el encuentro frente a Las Palmas ha generado una notable polémica, no tanto por el resultado final de la jugada como por la interpretación normativa que se aplicó desde la sala VOR y que posteriormente fue asumida por el árbitro principal, De Ena Wolf, tras la revisión en el monitor.

La jugada se inicia en una pugna dentro del área entre un atacante del Córdoba y un defensor de Las Palmas. En el primer contacto apreciable se observa con claridad cómo el defensor agarra de manera evidente al delantero, limitando su capacidad de movimiento. Como consecuencia directa de ese agarrón, y fruto de la inercia del propio forcejeo, el atacante pierde el equilibrio y, al caer hacia atrás, pisa de forma accidental al defensor. Este pisotón, clave en toda la controversia posterior, no es voluntario ni independiente de la acción previa, sino claramente condicionado por la infracción inicial del defensor.

 

Ávalos Barrera y una interpretación carente de nivel

 

La jugada continúa, el balón sigue en poder del atacante y la acción finaliza con gol. Sin embargo, desde el VAR, con Ávalos Barrera al frente, se decide llamar al colegiado principal para revisar un supuesto pisotón del atacante, interpretándolo como una segunda infracción que invalidaría la acción ofensiva.

Aquí es donde conviene detenerse para explicar un concepto que ha generado mucha confusión entre los aficionados: cuando en una misma acción se producen dos infracciones simultáneas, una del defensor y otra del atacante, no puede aplicarse la ley de la ventaja al equipo atacante, ya que este también estaría cometiendo una infracción. En ese supuesto, el reglamento obliga a sancionar la infracción que se produzca primero en el tiempo.

 

 

Este principio es correcto y está bien fundamentado desde el punto de vista reglamentario. El problema es que en esta jugada concreta no se dan dos infracciones reales, sino una sola: la del defensor. El pisotón del atacante no puede considerarse falta, ya que no es voluntario, no busca obtener ventaja y es consecuencia directa de una acción ilegal previa del rival. Interpretarlo como infracción supone forzar el reglamento hasta un punto difícilmente defendible. Si el pisotón hubiese sido intencionado, o se hubiese producido sin relación causal con el agarrón inicial, entonces sí estaríamos ante una situación distinta, revisable por VAR y susceptible de anular el gol. Pero no es el caso.

 

La historia se repite con De Ena Wolf

 

Por tanto, la intervención del VAR, con Ávalos Barrera a la cabeza, no solo fue innecesaria, sino incorrecta. El gol debía haber subido al marcador sin revisión alguna. Además, se vuelve a poner de manifiesto una debilidad ya conocida en el perfil de De Ena Wolf: su tendencia a aceptar la interpretación del VAR sin ejercer un criterio propio firme, incluso cuando la evidencia no respalda la recomendación recibida.

En definitiva, se aplicó correctamente una norma… en una jugada a la que no correspondía. Y cuando el punto de partida es erróneo, todo lo que viene después, por muy reglamentario que parezca, queda invalidado.