La jornada del sábado ha vuelto a evidenciar que los árbitros están completamente perdidos en los criterios del CTA.

 

“Misma mano, misma canción: esta sí, esta no, esta sí, esta no”. Ese podría ser perfectamente el resumen arbitral de la temporada en el fútbol español. Una temporada en la que el CTA ha conseguido algo que parecía imposible: convertir una de las acciones más reglamentadas del fútbol en una auténtica ruleta. Ya no existe una línea reconocible, ya no existe una coherencia mínima y, lo peor de todo, los propios árbitros parecen completamente perdidos dentro de un sistema que cambia de criterio cada dos jornadas.

Lo ocurrido ayer en el Real Sociedad – Real Betis es otro ejemplo más de ello. El conjunto verdiblanco protestó muchísimo un penalti señalado por mano que recuerda inevitablemente a una acción producida hace apenas unos días en el Real Betis – Real Madrid. En aquel encuentro, Ricardo Rodríguez interceptó un disparo clarísimo a portería con un brazo separado del cuerpo. Una acción, además, muchísimo más trascendente a nivel futbolístico porque el balón llevaba dirección clara hacia la portería. Sin embargo, aquella mano no fue considerada punible.

 

 

Hasta ahí, perfecto. Se puede estar más o menos de acuerdo, pero al menos parecía existir una línea interpretativa. El problema es que apenas unos días después aparece una acción todavía menos punible y esta vez sí se señala penalti. Y no solo eso: el VAR tampoco interviene para corregir la decisión. Ahí es donde todo vuelve a saltar por los aires.

 

Una temporada completa sin criterio alguno

 

Porque el problema ya no es acertar o fallar una acción concreta. El problema es la absoluta incapacidad del CTA para sostener un criterio reconocible durante más de una semana. La mano de ayer tiene menos separación, menos impacto y menos trascendencia sobre la jugada que la de Ricardo Rodríguez. Sin embargo, una termina sin castigo y la otra en penalti. Dos acciones prácticamente calcadas, dos resoluciones completamente distintas y dos validaciones arbitrales opuestas en cuestión de días.

Y lo más preocupante es que esto ya no ocurre de forma puntual. Se ha convertido directamente en la norma.

 

La segunda acción surrealista de la jornada

 

El mejor ejemplo aparece también esta misma jornada en Segunda División, concretamente en el Burgos – Almería. Allí se produjo otro penalti por mano absolutamente idéntico a uno ocurrido hace meses en el Barcelona – Real Mallorca. Mismo contexto, mismo movimiento del brazo, misma tipología de contacto y prácticamente la misma acción futbolística. Sin embargo, la resolución volvió a ser distinta.

 

 

En el Barcelona – Mallorca, el VAR decidió no intervenir. Consideraron que no existían motivos suficientes para corregir la decisión tomada desde el césped. Ayer, en cambio, sí llamaron desde la sala VOR para recomendar revisión. Y aquí llega la parte más surrealista de toda esta historia: Lax Franco decidió mantener su decisión inicial y pasar del VAR.

 

 

Es decir, el caos ya no existe únicamente entre partidos diferentes. Ni siquiera dentro del propio sistema arbitral son capaces de ponerse de acuerdo sobre qué es mano y qué no. Unos consideran que hay que intervenir, otros entienden que no y, cuando finalmente intervienen, el árbitro de campo puede interpretar algo completamente distinto.

Así es imposible construir credibilidad. Así es imposible generar una mínima seguridad jurídica para clubes, jugadores o aficionados.

 

Sensación de improvisación en cada jornada

 

Porque el gran problema del CTA esta temporada no es únicamente el error. Los errores han existido siempre y seguirán existiendo. El verdadero drama es la sensación permanente de improvisación. Cada jornada parece escrita por personas diferentes. Cada mano depende del árbitro de turno, del VAR de turno o directamente de la corriente interpretativa que toque esa semana.

Y eso termina generando un efecto devastador también sobre los propios colegiados. Muchos árbitros ya no pitan convencidos de un criterio claro, sino condicionados por el miedo a que desde el VAR les contradigan o a que el CTA cambie de opinión en el siguiente “Tiempo de Revisión”. El resultado es un arbitraje inseguro, incoherente y completamente incapaz de transmitir estabilidad.

Las imágenes de esta temporada son demoledoras. La mano de Ricardo Rodríguez tapando un disparo clarísimo a portería no es penalti. La de ayer en Anoeta sí. La del Barcelona-Mallorca no merece intervención. La del Burgos-Almería sí la merece. Y cuando finalmente intervienen, el árbitro decide ignorarlo todo y seguir adelante.

Es un descontrol absoluto.

 

Un Tiempo de Revisión que ha empeorado las cosas

 

Y mientras tanto el CTA sigue intentando vender una sensación de normalidad que ya no se sostiene por ningún lado. Llegan los vídeos explicativos, las reinterpretaciones semanales y los discursos técnicos intentando justificar decisiones que cambian constantemente entre sí. Pero la realidad es muchísimo más simple y mucho más preocupante: no tienen claros los criterios.

No los tienen. Y cada jornada deja una prueba nueva de ello.

Porque cuando cuatro acciones prácticamente idénticas terminan con cuatro resoluciones diferentes, el problema deja de ser una jugada concreta. El problema pasa a ser un sistema arbitral incapaz de sostener una línea coherente.

Y exactamente eso es lo que está ocurriendo ahora mismo en el fútbol español.