La gran lotería del CTA: los árbitros que se juegan el descenso a Segunda División.
El CTA afronta este verano uno de los procesos de descenso más complejos y extraños de los últimos años. Y no precisamente porque haya demasiados candidatos claros para bajar a Segunda División, sino por todo lo contrario: porque prácticamente no los hay.
La situación es radicalmente distinta a la de temporadas anteriores. El pasado verano, varios árbitros abandonaron la élite por edad o pasaron directamente al VAR, facilitando muchísimo las decisiones del Comité Técnico de Árbitros. Pero este año el escenario cambia por completo. No hay retiradas previstas y eso obliga al CTA a elegir tres descensos entre veinte árbitros de Primera División.
Tres descensos reales. Tres nombres. Y ahí aparece el gran problema.
Muchos árbitros internacionales y establecidos en Primera División
Porque la mayoría del colectivo actual está formado por árbitros internacionales, perfiles muy asentados o colegiados que han firmado temporadas suficientemente buenas como para quedar fuera de cualquier debate. Eso deja al CTA frente a un dilema incómodo: apostar de verdad por la meritocracia o tirar de política arbitral y proteger determinados nombres independientemente de su rendimiento.
Y precisamente ahí es donde esta decisión puede retratar completamente al actual CTA.
8 árbitros completamente descartados
Hay un primer grupo de árbitros completamente descartados para el descenso por puro rendimiento. Adrián Cordero Vega, el mejor árbitro de la temporada, está evidentemente fuera de cualquier quiniela. Su campaña ha sido sobresaliente y cualquier descenso suyo sería directamente un escándalo histórico dentro del arbitraje español.
Junto a él aparecen Munuera Montero, segundo mejor árbitro del campeonato, y perfiles como García Verdura, Díaz de Mera Escuderos, Alberola Rojas, Ortiz Arias, De Burgos Bengoetxea o Sesma Espinosa, todos ellos con temporadas notablemente positivas o suficientemente sólidas como para no entrar siquiera en conversación.
Especialmente llamativo es el caso de Díaz de Mera, que ha firmado probablemente la mejor temporada de toda su carrera, asentándose definitivamente como un árbitro fiable y muy estable. También Sesma Espinosa ha terminado el año dejando sensaciones bastante interesantes, mientras que García Verdura continúa confirmándose como uno de los perfiles con más confianza interna dentro del CTA.
Internacionales intocables… pese a una temporada muy pobre
Después aparece otro grupo todavía más curioso: árbitros que, por rendimiento puro, deberían incluso entrar en las quinielas… pero que no van a hacerlo por estatus.
Aquí aparecen nombres muy pesados dentro del arbitraje español como Hernández Hernández, Sánchez Martínez, Soto Grado, Gil Manzano o Martínez Munuera. Algunos de ellos han firmado temporadas directamente malas. En algunos casos, muy malas.
El caso más llamativo probablemente sea el de Sánchez Martínez. El murciano ha terminado como uno de los peores árbitros valorados del campeonato, firmando una temporada muy pobre que incluso le ha costado quedarse fuera del Mundial. Hernández Hernández tampoco ha estado mucho mejor, completando un año tremendamente irregular pese a seguir siendo uno de los internacionales fuertes del CTA.
Y algo parecido ocurre con Soto Grado o Gil Manzano. Este último, de hecho, ha sufrido hasta tres “neveras” durante la temporada, una cifra absolutamente demoledora para un árbitro de su experiencia y categoría. Pero ninguno de ellos parece realmente en peligro.
¿Por qué? Porque hablamos de árbitros internacionales, de perfiles con años de experiencia y de nombres muy asentados dentro del ecosistema arbitral español. Descenderlos supondría admitir públicamente que algunos de los árbitros más importantes del CTA ya no están al nivel exigido. Y no parece que el Comité vaya a llegar tan lejos.
Guzmán Mansilla, el más señalado
Ahí es donde empezará la auténtica lotería si el CTA decide dejar la meritocracia a un lado. Porque si se descarta automáticamente a los mejores por rendimiento y también a los grandes nombres por estatus, el foco se reduce prácticamente a cuatro árbitros muy concretos.
El primero y más evidente es Guzmán Mansilla.
De hecho, es el único caso donde prácticamente no existe debate. Ha sido, con muchísima diferencia, el peor árbitro de toda la temporada. Sus actuaciones han dejado una sensación constante de falta de nivel, incapacidad para controlar partidos y errores muy graves repetidos durante todo el curso. Ha sufrido varias neveras, ha necesitado ayudas constantes del VAR y nunca ha transmitido sensación de árbitro de Primera División.
Ya en Segunda hubo voces que no entendieron demasiado bien su ascenso. Y esta temporada, lejos de despejar dudas, las ha multiplicado todas.
Si Guzmán Mansilla no desciende, el discurso de la meritocracia dentro del CTA quedaría seriamente tocado. Porque sería imposible justificar que el peor árbitro del campeonato siguiera en Primera mientras otros compañeros bajan.
Tres árbitros en la cuerda floja para los otros dos puestos
Después aparecen tres nombres mucho más abiertos: Galech Apezteguía, Hernández Maeso y Muñiz Ruiz.
El caso de Galech es especialmente curioso. No ha hecho una mala temporada. De hecho, ha aprobado con relativa solvencia. Pero sí ha dejado la sensación de no terminar de asentarse en la categoría. En Segunda División transmitía muchísima más autoridad y control de partido. En Primera, en cambio, se le ha visto más inseguro, con menos peso y menos capacidad para dominar determinados contextos.
No merece descender por rendimiento puro. Pero sí podría entrar en las quinielas por perfil.
Algo parecido ocurre con Hernández Maeso, aunque en su caso las sensaciones han sido bastante peores. Su temporada sí ha sido claramente irregular y nunca ha dado sensación de estabilidad real dentro de la categoría. Está lejos de haber sido el peor, pero también lejos de convencer.
Muñiz Ruiz, el nombre más incómodo
Y luego aparece el gran nombre incómodo: Muñiz Ruiz.
Porque el gallego es internacional. Pero también porque nadie termina de entender demasiado bien por qué lo es. Su rendimiento lleva años dejando dudas y, aunque esta temporada ha sido algo menos caótica que la anterior, sigue muy lejos del nivel que se espera de un árbitro UEFA. El problema es precisamente ese: descender a Muñiz Ruiz supondría admitir que el CTA se equivocó otorgándole internacionalidad hace apenas unos años. Y eso pesa muchísimo.
Por detrás aparece únicamente una opción remota: Quintero González. Ha aprobado la temporada y ha mejorado respecto al año pasado, pero algunos partidos muy malos siguen dejándole una cierta sombra encima. Aun así, sería una sorpresa enorme verle realmente en peligro.
Por eso, salvo volantazo inesperado del CTA, todo apunta a que los tres descensos deberían salir entre Guzmán Mansilla, Galech Apezteguía, Hernández Maeso y Muñiz Ruiz.
Y ahí aparecerá la gran pregunta.
¿Aplicará realmente el CTA la meritocracia que tanto promete? ¿O volverá a proteger nombres, trayectorias e internacionalidades mientras otros pagan el precio? Este verano, más que nunca, el descenso arbitral parece una lotería.