LA COARTADA PERFECTA: CÓMO EL CTA SE LAVA LAS MANOS CON LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL.
Hay una forma muy elegante de seguir haciendo lo de siempre: ponerle encima una capa de tecnología y llamarlo modernización. Es exactamente lo que ha hecho el arbitraje español. El Comité Técnico de Árbitros ha anunciado que las jugadas de su programa ‘Tiempo de Revisión’ serán seleccionadas por un sistema de inteligencia artificial, encargado de identificar las acciones más relevantes de cada jornada. Suena impecable: objetividad, trazabilidad, transparencia. Las tres palabras mágicas. El problema es lo que viene después, en la letra pequeña.
La trampa está en una sola frase
El propio comunicado, después de vendernos que ahora decide la máquina, añade esta joya: de manera excepcional, el CTA podrá incorporar alguna acción adicional de especial interés didáctico o formativo que no hubiera sido seleccionada por la inteligencia artificial.
Léanla otra vez, porque ahí se cae todo el discurso. Si tú anuncias que va a ser la inteligencia artificial la que elige, tiene que ser todo o nada. En el momento en que te reservas la posibilidad de meter, cada jornada, la jugada que la máquina no eligió, ya no está eligiendo la máquina: estás eligiendo tú. La IA pone la base y el CTA condimenta al gusto. Es como presumir de que la pizza la hace un robot mientras tú, cada noche, le añades los ingredientes que te apetecen. ¿De quién es entonces la pizza?
No es una tarea titánica de la que haya que rescatar a nadie
Se entendería delegar en un algoritmo una tarea inabarcable para un humano. Pero es que esto no lo es. Las acciones realmente polémicas de una jornada no son cincuenta: son cinco, seis, siete a lo sumo, y hay jornadas de muy pocas. De esas se eligen cuatro. No hablamos de encontrar una aguja en un pajar, hablamos de una selección que cualquier persona con criterio arbitral resuelve en diez minutos. Entonces, ¿para qué la IA? No para hacer más fácil lo difícil, sino para poner un intermediario sin cara entre la decisión y la responsabilidad.
Porque de eso va todo esto: de la responsabilidad
Aquí está el fondo del asunto. La temporada pasada, este mismo programa lo nutría un comité de asesores: exentrenadores como Oltra, Sandoval o Morientes que escogían las jugadas. Y ya entonces vimos cómo acciones tremendamente polémicas se quedaban fuera del análisis, mandadas al limbo, porque así se decidía. Pero al menos había un nombre detrás. Había alguien a quien señalar cuando una jugada incómoda desaparecía misteriosamente del repaso semanal.
Ahora ese comité se disuelve, y en su lugar entra la inteligencia artificial. ¿Y qué se consigue con eso? Lo más valioso para quien no quiere rendir cuentas: un culpable que no puede defenderse ni ser cuestionado. Antes, si una jugada polémica no aparecía, la culpa era de una persona con nombre y apellidos. Ahora la culpa es «de la IA». Un ente abstracto, técnico, presuntamente objetivo, al que nadie va a pedir explicaciones. El CTA ha reconocido, de hecho, que podrá corregir a la máquina cuando lo estime. Con todo el respeto a la tecnología: la IA aquí no elige nada. Elige la base. La decisión final, la de verdad, la de siempre, la sigue tomando quien la tomaba.
Y esto no es un caso aislado, es una filosofía
Lo del ‘Tiempo de Revisión’ encaja en un movimiento más amplio del arbitraje español, que ha abrazado también la inteligencia artificial también para la evaluación y designación de los colegiados. La coartada es la misma: más objetividad, menos mano humana. Pero la pregunta incómoda es idéntica. Si de verdad decide la máquina, que decida la máquina. Y si el factor humano se reserva la última palabra para cuando algo «no cuadre», entonces no nos vendan que ha desaparecido la mano humana, porque sigue exactamente donde estaba, solo que ahora escondida detrás de un algoritmo que hace de escudo.
El paso atrás que nadie quiere admitir
Lo más irónico es que, para esta tarea concreta, la IA es probablemente peor que un buen profesional. Saber qué jugada genera dudas en el aficionado, cuál merece explicación, cuál está en boca de todos un lunes por la mañana, es una cuestión de olfato, de contexto, de conocer la historia de cada equipo y cada polémica. Eso es sensibilidad humana pura, y una máquina no la tiene. Así que, en el mejor de los casos, esto es un paso atrás disfrazado de avance. Y en el peor, es un paso muy calculado hacia delante: hacia un sistema donde nadie tiene que dar la cara, porque siempre se puede decir aquello de «lo eligió la inteligencia artificial».
Conclusión
Que quede claro, porque no va de tecnofobia: la IA es una herramienta magnífica en mil contextos. El problema no es la herramienta, es el uso. Y aquí el uso es transparente hasta resultar descarado: coger algo tan sencillo como elegir cuatro jugadas, envolverlo en lenguaje tecnológico y reservarse, «excepcionalmente», el derecho a hacer lo de siempre. No es transparencia. Es la coartada perfecta. Y ojalá nos equivoquemos, pero la primera jugada gorda que desaparezca del ‘Tiempo de Revisión’ esta temporada no la va a haber descartado ninguna máquina.