MATIZAR NO ES RECTIFICAR: LA UEFA NO HA DICHO QUE LO DE PUBILL FUERA PENALTI
Hay una habilidad que a algunos medios se les da de maravilla: convertir una actualización rutinaria de norma en una confesión de culpa. Acaba de pasar con la UEFA y la mano de Pubill, y es calcado a lo que vivimos hace unos días con Embolo. Mismo patrón, mismo truco, mismos titulares tramposos. Vamos a explicarlo con calma, porque el que quiera entenderlo lo va a entender a la primera.
Qué ha hecho la UEFA, y qué no
Recordemos la acción. Champions de la temporada pasada, Barcelona – Atlético de Madrid. Musso cede el balón con el pie a Pubill dentro del área, y Pubill lo toca con la mano antes de devolverlo. Kovács no señaló penalti, entendiendo que aquello era parte de una secuencia de saque de puerta y no una jugada en vivo. No había presión, no había un rival encimando: era, en su lectura, un reinicio rutinario.
Ahora, antes de que arranque la temporada, la UEFA ha unificado el criterio: si el portero pone el balón en juego con el pie y un compañero lo toca deliberadamente con la mano, será penalti. Punto. Se acabó el margen de interpretación.
Eso es lo que ha pasado. Ni más, ni menos. Y aquí viene lo importante: unificar un criterio no equivale a reconocer que lo anterior fuese un robo. La UEFA no ha dicho en ningún momento que la mano de Pubill fuera penalti. Ha dicho que, de ahora en adelante, una acción así se sancionará como penalti. Son dos frases muy distintas, aunque cierta prensa se empeñe en fundirlas en una. De hecho, la propia UEFA desestimó las quejas del Barcelona tras esa acción, tachándolas poco más de absurdas.
El ejemplo, explicado para todos
Imaginemos una carretera nueva en la que la señalización no ha terminado de aclarar a qué velocidad exacta hay que circular: hay un marco, pero deja margen. Unos van más rápido, otros más lento, y empiezan los conflictos. Pasado un tiempo, la autoridad decide fijar un mínimo y un máximo claros para que nadie tenga dudas. A partir de ahí, todos saben a qué atenerse.
Pregunta: ¿los que antes circulaban dentro del marco, cuando el criterio era más ambiguo, estaban infringiendo? No. Circulaban conforme a lo que había. Lo que ha cambiado no es su comportamiento: es la precisión de la norma. Exactamente esto es lo que ha ocurrido con la regla del portero. Antes existía margen para interpretar si el balón estaba o no en juego en ese gesto. Kovács interpretó que no lo estaba. Ahora ese margen se elimina y se fija un criterio único. Lo de antes no se convierte en error retroactivo: simplemente, a partir de ahora hay una línea clara donde antes había una zona gris.
El recado a los medios
Y aquí toca pedir algo de nivel. No puede ser que medios con años y años de trayectoria informen como hooligans, retorciendo cada matiz reglamentario para alimentar a su parroquia. Pasó con Embolo, cuando titulares de medio mundo vendieron que la IFAB «reconocía» una expulsión errónea, falso, y está volviendo a pasar ahora con quienes venden que la UEFA «le da la razón al Barça». Informar es explicar lo que dice la norma, no lo que le conviene al lector para indignarse a gusto.
El recado a los aficionados
Y a los aficionados, un espejo. Muchos de los que estos días claman que lo de Pubill «era penalti clarísimo» son los mismos que hace una semana defendían que lo de Embolo estuvo perfectamente aplicado. Vamos a poner orden en esa incoherencia. Si aceptabas que la directriz de la FIFA en el Mundial era válida porque estaba vigente en ese momento, y lo era, entonces tienes que aceptar exactamente lo mismo aquí: la interpretación de Kovács era válida bajo el criterio vigente entonces. No puedes defender una cosa y su contraria en siete días según te convenga la camiseta.
La conclusión
No hay que ser muy listo para entender esto: cuando un organismo matiza una norma, no está diciendo que lo de antes fuera un atraco. Está actualizando, afinando, cerrando puertas para que no haya líos en el futuro. Se hace cada verano, en todas las competiciones, con decenas de normas. Convertir eso en un titular de conspiración no es periodismo: es querer ver fantasmas. Y de esos, últimamente, andamos sobrados.