El Brasil – Haití y un nuevo ejemplo de que la moda absurda de llamar «residual» a cualquier cosa.
Si uno escucha algunos análisis arbitrales durante este Mundial, puede llegar a la conclusión de que prácticamente cualquier contacto dentro de un área es residual. Da igual que exista disputa de balón, da igual que un jugador llegue tarde, da igual que haya una infracción imprudente o incluso que el balón siga plenamente en juego. Parece que la palabra residual se ha convertido en una especie de comodín capaz de justificar cualquier decisión.
Y ese es precisamente el problema.
Porque el término residual existe. Es real. Tiene sentido. Y además ha sido muy útil para corregir situaciones que durante años generaron penaltis absurdos en acciones donde realmente no existía una infracción merecedora de castigo. Sin embargo, lo que estamos viendo durante los últimos meses, y especialmente durante este Mundial, es una utilización tan exagerada del concepto que empieza a desvirtuarlo por completo.
Antes de hablar de la jugada de Brasil – Haití conviene explicar qué es realmente una acción residual.
¿Qué es una acción residual?
Una acción residual suele producirse cuando ya no existe una disputa real por el balón. Es decir, cuando la jugada ha terminado para los dos futbolistas implicados y el contacto aparece como consecuencia natural de la propia acción. Generalmente hablamos de contactos involuntarios, de baja intensidad o producidos cuando el balón ya está lejos de la zona de influencia de ambos jugadores.
Un ejemplo muy sencillo sería un atacante que remata o centra el balón y, una vez el balón ya ha salido de su zona de influencia, recibe un leve contacto del defensor que intentaba taponar la acción. O que el atacante llegue desestabilizado por la propia acción del golpeo y el contacto sea más aparatoso que intenso. Otro ejemplo muy habitual aparece en los córners, cuando dos jugadores saltan mirando exclusivamente el balón y terminan pisándose accidentalmente al caer. Ahí no existe una búsqueda del contacto, no existe una infracción deliberada y, sobre todo, la acción principal ya ha terminado.
Ese es el espíritu de las acciones residuales. Eliminar castigos excesivos en situaciones donde el contacto aparece de forma accidental y cuando la jugada prácticamente ya ha concluido. Por eso resulta tan importante entender también qué no es una acción residual.
¿Qué no es una acción residual?
Si un defensor se tira a las piernas de un atacante después de un centro, aunque el balón ya haya salido de la zona, seguirá siendo penalti si existe una acción imprudente o temeraria. Si un jugador busca claramente el contacto con el rival, deja automáticamente de ser residual. Si existe una infracción sancionable por sí misma, deja automáticamente de ser residual.
Y aquí es donde entra el análisis de una acción que se produjo ayer durante el Estados Unidos – Australia.
Connor Metcalfe realiza un desmarque dentro del área mientras un compañero suyo tiene el balón en otra zona del campo. Tyler Adams, que ni siquiera está pendiente de la carrera del australiano, termina pisándole al cruzarse ambos jugadores. El contacto es feo. De hecho, si aislamos únicamente la imagen del pisotón, muchos podrían pensar que estamos ante una infracción sancionable y completamente temeraria. Pero no lo es.
¿Por qué?
Porque el balón está en otra zona, porque no existe disputa entre ambos jugadores, porque Adams ni siquiera está pendiente de su rival y porque el contacto aparece como consecuencia accidental de dos trayectorias que se cruzan mientras la acción principal se desarrolla en otro lugar.
Eso sí encaja dentro del concepto residual. Eso sí responde a la filosofía para la que nació el criterio. El problema es que algunos han querido meter en ese mismo saco la acción protagonizada por Cuña y Delcroix en el Brasil – Haití. Y ahí es donde el análisis empieza a perder sentido. Porque en esa jugada no estamos ante una acción residual. Estamos ante una disputa directa de balón.
Una acción imprudente y totalmente sancionable
Delacroix llega antes, consigue puntear ligeramente la pelota y, en ese mismo instante, recibe una patada de Cuña, que llega tarde a la acción. No existe ningún elemento que permita afirmar que la jugada ha terminado. El balón sigue en la zona de influencia de ambos jugadores. Ambos están disputándolo. Y el contacto se produce precisamente durante esa disputa. Es exactamente lo contrario a una acción residual.
🖥️💥 El VAR pasó por completo del reglamento en el Brasil – Haití.
👉🏻 Delcroix se adelanta a Cunha que, en su intento de llegar al balón, da una patada al defensor.
❌ 𝗘𝗦 𝗙𝗔𝗟𝗧𝗔.
▪️ Hernández Hernández y Del Cerro Grande, desde el VAR, no apreciaron la infracción. pic.twitter.com/fD8DRucud5
— Archivo VAR (@ArchivoVAR) June 20, 2026
De hecho, si acudimos al reglamento, la definición de acción imprudente encaja perfectamente con lo sucedido. Una infracción imprudente es aquella en la que un jugador muestra falta de atención, consideración o precaución al disputar un balón con un adversario. Y eso es exactamente lo que ocurre.
Cuña llega tarde. Delacroix llega antes. Existe un contacto evidente. No es un ligero toque o un roce. Y el contacto se produce mientras ambos disputan la pelota. No hace falta inventar conceptos nuevos ni reinterpretar palabras para analizar la jugada.
Ejemplos claros en la propia liga española
La cuestión resulta todavía más llamativa porque esta misma temporada se han visto acciones prácticamente idénticas sancionadas en LaLiga. Una de ellas tuvo lugar en el Sevilla – Athletic Club, cuando un atacante golpeó a un rival tras una acción sobre el balón, que termina entrando en la portería, y el VAR terminó interviniendo.
🖥️💥 Correcta intervención del VAR en el Sánchez Pizjuán.
👉🏻 Gudelj, en su intento de llegar al balón, impacta con la plancha en el tobillo de Paredes.
✅ 𝗘𝗦 𝗙𝗔𝗟𝗧𝗔.
▪️ Al no ser un contacto de gran intensidad, no fue necesario amonestar al jugador del Sevilla. pic.twitter.com/5dXKVbSoZv
— Archivo VAR (@ArchivoVAR) January 24, 2026
Otra ocurrió en el Sevilla – Osasuna, cuando Juanlu punteó un balón dentro del área y recibió una patada posterior que fue castigada como penalti.
🖥️💥 Correcta intervención del VAR en el Sevilla – Osasuna.
👉🏻 Moi Gómez, en su intento de despejar el balón, golpea en el gemelo de Juanlu dentro del área.
✅ 𝗘𝗦 𝗣𝗘𝗡𝗔𝗟𝗧𝗜.
▪️ Ortiz Arias tuvo que acudir al VAR pese a estar bien situado para observar la infracción. pic.twitter.com/Iu0qh32JXG
— Archivo VAR (@ArchivoVAR) November 8, 2025
Nadie habló entonces de acciones residuales. Nadie necesitó acudir a ese concepto para justificar una decisión. Simplemente se aplicó el reglamento. Ninguna de las acciones fue temeraria, pero fueron sancionadas igualmente.
Por eso cuesta entender que ahora algunos analistas recurran a esa etiqueta para defender una acción que poco o nada tiene que ver con el significado original del término. Y la respuesta probablemente sea bastante sencilla.
Cuando los árbitros son españoles y la decisión beneficia al arbitraje español, siempre aparecen más voluntarios de lo habitual para buscar explicaciones alternativas.
Del Cerro Grande no quiso echar a los leones a Hernández Hernández
En el Brasil – Haití estaban Hernández Hernández sobre el terreno de juego y Del Cerro Grande en el VAR. Dos árbitros españoles en su primer gran escaparate internacional. Reconocer un error importante en un Mundial nunca es agradable. Reconocerlo en el primer partido todavía menos.
Pero el análisis arbitral no debería funcionar así. No debería depender de quién toma la decisión. No debería depender de amistades, afinidades o nacionalidades. Y mucho menos debería depender de retorcer conceptos hasta vaciarlos de significado. Porque si todo es residual, entonces nada es residual. Y cuando una palabra sirve para explicar cualquier cosa, deja automáticamente de servir para explicar nada.
Ese es el verdadero problema que empieza a surgir con este concepto. No que exista. No que se aplique. Sino que se está utilizando con tanta alegría que cada vez resulta más difícil saber dónde termina una acción residual y dónde empieza simplemente una infracción mal interpretada.
Y cuando los propios analistas contribimos a generar esa confusión, resulta difícil exigir después a los aficionados que entiendan realmente qué está ocurriendo sobre el terreno de juego.