Una mano en el Bayern de Múnich – PSG que evidencia que ni los futbolistas conocen cómo funciona el reglamento.

 

La mano protestada ayer en el Bayern de Múnich – PSG deja una reflexión bastante preocupante alrededor del fútbol actual: muchísima gente, incluidos futbolistas profesionales, no entiende el reglamento que rige este deporte. Y una cosa es que un aficionado vea una repetición rápida, vea un brazo separado del cuerpo y piense automáticamente “eso es mano”. Es entendible. El problema llega cuando jugadores de élite, que viven de esto, siguen completamente desconectados de cómo funciona realmente el reglamento. Porque lo de ayer no admite debate.

 

Una mano sin ninguna punibilidad

 

No es una mano interpretativa. No es una acción gris. No es una jugada de “yo la pitaría” o “yo no la pitaría”. No. Simplemente no es penalti en ningún caso. Y resulta especialmente llamativo que futbolistas como Tah, central del Bayern de Múnich, salieran después del partido asegurando que era “un penalti clarísimo”. No lo era.

Y quizás va siendo hora de que muchos jugadores empiecen a preocuparse un poco más por conocer las normas del deporte que practican. Porque luego ocurre exactamente esto: protestas masivas, aficionados indignados, debates absurdos y un ruido mediático completamente innecesario alrededor de una acción que reglamentariamente está clarísima.

La jugada es muy simple. El Bayern ataca, el balón queda muerto dentro del área y Vitinha despeja. Pero no despeja mal. No es un despeje corto. No es un balón que quede vivo dentro del área. Es un despeje alto y potente que sale despedido hacia el centro del campo, alejándose completamente de cualquier zona de peligro.

Y es ahí donde aparece Joao Neves.

 

 

El portugués intenta apartarse de la trayectoria del balón realizando un movimiento reflejo bastante extraño, girándose y estirando el brazo en el intento de quitar el cuerpo. El balón termina impactando en ese brazo y los jugadores del Bayern se vuelven completamente locos reclamando penalti. Pero no hay absolutamente nada. Primero por reglamento y después por pura lógica futbolística.

 

El reglamento disipa todas las dudas

 

El reglamento actual deja muy claro que cuando un balón procede de un despeje o una acción previa de un compañero, la mano posterior tiene un contexto completamente distinto. Y aquí entra el matiz importante: evidentemente existen excepciones. Si ese balón despejado termina yendo hacia portería, o deja una ocasión manifiesta de gol, o genera una situación de peligro clarísima, la mano puede seguir siendo punible. Pero es que aquí no sucede nada de eso.

Estamos hablando de un balón que se está marchando hacia el centro del campo. Un balón que se aleja del área. Un balón sin absolutamente ningún tipo de peligro. Un balón cuya trayectoria no genera ninguna ocasión de gol para el Bayern de Múnich. Y ahí entra ya la segunda parte: el sentido común.

Porque el fútbol no puede convertirse en un deporte donde cualquier balón que impacte en un brazo dentro del área sea automáticamente penalti. No puede ser. No tiene lógica. No tiene sentido futbolístico y destroza completamente la esencia del juego.

 

Una acción de puro sentido común

 

¿Cómo vas a conceder el castigo más grande que existe dentro de un terreno de juego por un balón que literalmente se está yendo hacia el centro del campo? Es absurdo.

Y esto es importante explicarlo bien porque incluso aunque el balón hubiera venido de un jugador del Bayern, la acción seguramente seguiría sin ser punible precisamente por eso: porque no existe peligro alguno. Si un defensor despeja hacia atrás accidentalmente y el balón impacta en una mano en una acción completamente residual, alejada de cualquier ocasión de gol, el contexto cambia muchísimo.

Pues imagínese todavía más cuando el balón viene de un despeje de tu propio compañero. No hay ninguna lógica futbolística para señalar penalti ahí. Ninguna.

 

Las manos siguen y seguirán generando caos

 

Y aquí es donde entra el verdadero problema del fútbol moderno: se está perdiendo completamente la capacidad de analizar el contexto de las jugadas. Mucha gente ve un brazo separado y desconecta automáticamente el cerebro. Ya está. “Brazo fuera, penalti”. Como si el fútbol pudiera resumirse a eso. No funciona así. Nunca ha funcionado así. Y jamás debería funcionar así.

Porque entonces cualquier despeje dentro del área acabaría siendo una lotería absurda. Bastaría con que el balón golpeara accidentalmente un brazo en cualquier rebote sin peligro para convertir cualquier acción defensiva en un penalti. Y eso sería directamente cargarse el deporte. Por eso sorprende tanto lo de ayer.

No por los aficionados. No por las redes sociales. Eso es normal. El problema es ver a jugadores profesionales protestando una acción que reglamentariamente y futbolísticamente está clarísima. Porque si quienes juegan al fútbol tampoco entienden el reglamento, luego pasa exactamente lo que ocurrió en Múnich: protestas descontroladas, presión absurda al árbitro y una polémica artificial sobre una jugada que no admite ningún tipo de discusión.

La mano de Joao Neves no es penalti por reglamento. Y tampoco lo es por algo todavía más importante: por sentido común.