La IFAB ha decidido crear caos en un clima que parecía tranquilo con una nueva normativa que no hace más que perjudicar al fútbol.
Lo ocurrido ayer en el Estados Unidos – Paraguay debería preocupar a cualquiera que quiera un reglamento claro, coherente y fácil de aplicar. No porque el resultado final de la jugada fuera injusto. De hecho, probablemente la mayoría de aficionados, árbitros y analistas coincidan en que Miguel Almirón simuló una falta inexistente y que la decisión final de retirar la amarilla a Tim Ream para amonestar al paraguayo fue la más justa desde un punto de vista futbolístico.
El problema es que el arbitraje no puede funcionar únicamente a base de decisiones justas. También necesita reglas claras. Y ahí es donde aparece el enorme problema que dejó al descubierto la intervención de Carlos del Cerro Grande desde la sala VOR.
La acción ya es conocida. Danny Makkelie señala falta de Tim Ream sobre Almirón y muestra tarjeta amarilla al defensor estadounidense. La falta llega incluso a ejecutarse. Pasan varios segundos, el balón entra en el área, se producen varios despejes y, cuando parecía que la jugada ya había quedado atrás, Del Cerro Grande llama al árbitro por una supuesta confusión de identidad. Tras revisar las imágenes, Makkelie comprueba que no existe contacto alguno, retira la amarilla a Ream y amonesta a Almirón por simular.
Hasta aquí podría parecer simplemente una corrección acertada del VAR. Sin embargo, cuando uno se va al reglamento, aparecen las dudas.
Una nueva normativa con lagunas por todos lados
La modificación introducida por la FIFA antes de este Mundial establece que podrá revisarse una confusión de identidad cuando se haya mostrado una tarjeta amarilla o roja a un jugador, pero la infracción por la que se le ha sancionado haya sido cometida por otro jugador de cualquiera de los dos equipos. La clave está precisamente en esa palabra: infracción.
Porque lo ocurrido ayer no encaja de forma natural en esa descripción. La infracción por la que Makkelie amonesta inicialmente a Ream es una supuesta falta, es decir, un tiro libre directo. Del Cerro Grande no corrige la identidad del infractor dentro de esa misma acción. Lo que hace es algo completamente distinto: elimina esa infracción y la sustituye por otra diferente, una simulación de Almirón que implica un tiro libre indirecto.
Y eso cambia completamente el escenario.
La norma habla de «la infracción en cuestión»
La norma parece redactada para situaciones en las que el árbitro identifica mal al jugador que ha cometido una infracción. Por ejemplo, si un defensor realiza una entrada y el colegiado amonesta a un compañero suyo por error. Incluso sería justo y lógico entender que la nueva redacción permite corregir situaciones en las que la infracción la ha cometido un el atacante en lugar del defensor. Por ejemplo, un balón dividido en el que existe un planchazo pero el árbitro se equivoca en el infractor. Pero en todos esos casos se sigue hablando de la misma infracción.
Lo de ayer es diferente. No se corrige quién cometió una falta. Se determina que la falta ni siquiera existió y se sustituye por otra acción sancionable distinta.
Y ahí aparece una zona gris gigantesca.
Una norma que genera decenas de preguntas
Porque si aceptamos que la interpretación realizada por Del Cerro Grande es correcta, automáticamente aparecen decenas de preguntas que el reglamento no responde. La primera es muy sencilla: ¿qué habría pasado si Paraguay hubiera marcado gol en esa falta? La acción ya se había reanudado. El balón estaba en juego. Los paraguayos podrían haber marcado perfectamente antes de que llegara la intervención del VAR.
¿Habría anulado Makkelie el gol para retroceder más de un minuto y señalar una simulación tras haber reanudado el juego? ¿Habría desaparecido un gol válido por una revisión que originalmente se presenta como una confusión de identidad? Son preguntas que hasta ahora ni siquiera existían y que esta nueva interpretación pone encima de la mesa.
Pero hay más.
Una contradicción muy posible con la regla 12
La propia Regla 12 establece que será infracción intentar dar una patada o intentar hacer una zancadilla a un adversario. Ni siquiera exige contacto. Basta con el intento. Por eso surge otra duda importante: ¿qué ocurre cuando un defensor intenta claramente derribar a un rival, pero el atacante consigue evitar el contacto? ¿Qué ocurre cuando un jugador salta para esquivar una entrada y termina cayendo después? ¿Qué ocurre cuando existe un roce mínimo que no justifica la caída?
La frontera entre simulación, intento de infracción y contacto insuficiente empieza a volverse completamente difusa.
Y cuando una norma depende de interpretaciones tan abiertas, el problema está servido.
Lo más preocupante es que esta situación era perfectamente evitable. Si la FIFA quería que el VAR pudiera corregir amarillas mostradas tras simulaciones evidentes, bastaba con redactarlo de forma clara. Una línea habría sido suficiente. Se podría haber añadido un apartado específico para este tipo de situaciones y nadie estaría discutiendo nada.
Sin embargo, se optó por una redacción ambigua que deja espacio para interpretaciones completamente distintas dependiendo de quién esté sentado en la sala VOR.
Una IFAB que en lugar de aclarar, confunde
Y la sensación es que la FIFA vuelve a caer en un error que ya hemos visto demasiadas veces durante los últimos años. En lugar de simplificar el reglamento, lo complica. En lugar de reducir la polémica, genera nuevas discusiones. En lugar de establecer límites claros, crea nuevas zonas grises.
Lo más llamativo es que, tras la polémica generada por la acción, la propia IFAB publicó la modificación reglamentaria en sus redes sociales. Una publicación que muchos interpretan como un respaldo a la decisión tomada por Del Cerro Grande. Si realmente era esa la intención, la preocupación debería ser todavía mayor, porque significaría que el organismo encargado de redactar las reglas del juego considera suficientemente clara una norma que está generando interpretaciones completamente opuestas entre especialistas arbitrales.
Y eso nunca es una buena señal.
Porque el fútbol necesita muchas cosas. Necesita buenos árbitros, mejores herramientas tecnológicas y decisiones justas. Pero por encima de todo necesita reglas comprensibles. Reglas que no obliguen a realizar interpretaciones creativas para justificar una decisión. Reglas que no cambien de significado dependiendo de quién las lea.
Sentado el precedente, llegarán las polémicas
Lo ocurrido en el Estados Unidos – Paraguay puede parecer una simple anécdota de los primeros días del Mundial. Sin embargo, también puede ser el primer aviso de un problema mucho mayor. Si esta interpretación se consolida, veremos más revisiones, más interrupciones y más polémicas. Y todo ello por una norma que, lejos de aclarar el juego, parece haber conseguido exactamente lo contrario.
La decisión de ayer puede ser justa. Lo que resulta mucho más difícil de defender es que el reglamento la respaldara de forma tan clara como algunos pretenden hacer creer. Y cuando una norma genera más dudas que certezas desde el primer día de aplicación, quizá el problema no esté en los árbitros que la interpretan, sino en quienes la redactaron.