Segundo a segundo, el tiempo añadido se jugó íntegro y conforme al reglamento. La polémica nace de no analizar lo que realmente ocurrió sobre el reloj.
En medio del ruido que dejó la final de la Supercopa entre Barcelona y Real Madrid, una de las críticas más repetidas ha sido dirigida a José Luis Munuera Montero por la gestión del tiempo añadido en la primera parte. Se ha instalado la idea de que el árbitro “alargó” de forma excesiva un descuento de tres minutos hasta el 52:34, permitiendo el último gol del Real Madrid. Pero ese análisis, tan extendido como erróneo, se derrumba en cuanto se observa la secuencia real de lo ocurrido segundo a segundo.
El desarrollo segundo a segundo del tiempo de descuento
Munuera Montero añadió tres minutos al primer tiempo. Nada extraordinario. El problema es que en ese tramo ocurrió casi de todo. El Real Madrid marcó en el 46:07, cuando apenas se había consumido un minuto y siete segundos del añadido. A partir de ahí, el reloj siguió corriendo durante la celebración y la reanudación. El juego no volvió a ponerse en marcha hasta el 47:30. Es decir, ya se habían consumido más de dos minutos del tiempo añadido sin que se hubiera jugado nada desde el gol.
Apenas 54 segundos después, en el 48:24, llegó el segundo gol del Barcelona. De nuevo, interrupción, celebración y reanudación. El balón se vuelve a poner en juego en el 49:45. A partir de ahí, todavía quedaba aproximadamente un minuto de descuento real por jugar, ya que los goles habían “comido” buena parte del añadido inicial.
En ese tramo se produce la acción decisiva. En el 50:10, apenas 25 segundos después de la reanudación, llega el córner que termina desembocando en el segundo gol del Real Madrid, el de Gonzalo, tras una serie de rechaces en el área. La acción dura varios segundos, pero lo esencial es esto: el tiempo de descuento aún no se había consumido.
Tras el gol, el árbitro permite que se saque de centro en el 52:05 y deja que se juegue hasta el 52:34, exactamente los 30 segundos que aún quedaban del tiempo añadido que él mismo había decretado. Ni uno más. Ni uno menos. Los tres minutos se jugaron íntegros, sin contar correctamente con todas las interrupciones provocadas por los dos goles previos.
La desinformación de los analistas arbitrales
Aquí está el error de análisis de muchos exárbitros y comentaristas: miran el reloj final y concluyen que siete minutos y medio es un exceso. No lo es. Es la consecuencia directa de dos goles y dos reanudaciones con sus respectivas interrupciones dentro de un descuento corto. El reglamento obliga a recuperar ese tiempo. Y eso es exactamente lo que hizo Munuera Montero.
No hubo alargue discrecional. No hubo regalo. Hubo gestión técnica del tiempo, algo que se exige a los árbitros modernos y que, paradójicamente, ahora se les critica cuando lo aplican bien.
La polémica nace de un análisis superficial. Pero cuando se descompone la secuencia real del juego, la conclusión es inequívoca: Munuera Montero gestionó el añadido de forma impecable. Y quizá convendría que algunos de los que hoy lo cuestionan revisaran primero el cronómetro antes de dictar sentencia.