El VAR protagonizó en el Juventus – Galatasaray una de las situaciones más ridículas que se recuerdan a nivel arbitral.
Lo sucedido en el Juventus FC – Galatasaray no es una acción gris mal interpretada. No es un debate fino de intensidad. Es una expulsión que demuestra una desconexión absoluta con la lógica básica del arbitraje moderno. Posiblemente el nivel más bajo al que se puede llegar como árbitro. Y cuando ese nivel de desconexión aparece en Champions League, el problema no es menor: es estructural.
La jugada es simple. Kelly salta a disputar un balón aéreo. Gana el salto. Toca el balón. El rival, Yilmaz, decide no saltar. Se queda abajo. Kelly cae y, en la caída, pisa el tobillo del jugador turco. No hay plancha previa. No existe desplazamiento agresivo. Y tampoco se aprecia un gesto de violencia. Hay una caída tras un salto. Eso es todo. Convertir una acción que no es ni falta en roja directa es no entender la diferencia entre una disputa con juego brusco grave y una consecuencia accidental.
🖥️💥 Ridículo absolutamente estrepitoso del VAR en el Juventus – Galatasaray.
👉🏻 Kelly cae del salto y, sin querer, pisa por detrás el tobillo de Yilmaz.
❌ 𝗡𝗢 𝗘𝗦 𝗥𝗢𝗝𝗔 𝗗𝗜𝗥𝗘𝗖𝗧𝗔.
▪️ João Pinheiro, con nula personalidad, compró la locura de Tomasz Kwiatkowski. pic.twitter.com/Df2xWThh2V
— Archivo VAR (@ArchivoVAR) February 25, 2026
Ejemplos recientes que dejan en evidencia a los árbitros
En el fútbol reciente hemos visto acciones mucho más aparatosas que no han sido consideradas ni falta. En un Clásico, Aurélien Tchouaméni golpea el balón y, por pura inercia, termina clavando los tacos en el tobillo de Pedri. No se sanciona. Se entiende, de forma totalmente lógica, que el gesto principal es jugar el balón y el impacto posterior es consecuencia natural del movimiento. Esta temporada, en una acción entre Vinícius Júnior e Iñaki Peña, el portero toca balón y acaba con sangre tras el choque. Tampoco es infracción. Porque es un lance de disputa real, no una acción temeraria.
Ahora comparemos eso con la roja de Joel Roca a Lamine Yamal en el Girona – Barcelona. Ahí sí hay una acción de caza, una patada que no busca balón, una intervención tardía y peligrosa. Eso es roja. Eso encaja en el concepto de fuerza excesiva. Igualar disciplinariamente esa acción con la caída accidental de un jugador tras un salto es un disparate. Es colocar en el mismo nivel dos realidades completamente distintas.
También hemos visto en el día de ayer en el Atalanta – Borussia una acción donde un futbolista levanta la pierna en exceso sin saber que hay un rival detrás y le impacta con los tacos en la cabeza provocándole brechas. Es involuntaria, sí, pero el gesto es peligroso en sí mismo. La altura es temeraria. Ahí existe argumento disciplinario. En el Juventus – Galatasaray no hay gesto peligroso previo. Hay un salto ganado y una caída.
El VAR sigue cargándose lo poco que queda del lógica en el fútbol
Si el estándar pasa a ser que cualquier contacto con tacos tras una caída es roja directa, el fútbol pierde coherencia. Porque entonces todo jugador que gane un duelo aéreo estará expuesto a ser expulsado si el rival decide no saltar. Eso no es proteger al jugador. Eso es castigar el juego natural.
El árbitro de campo, João Pinheiro, y Tomasz Kwiatkowski, en el VAR, decidieron intervenir para elevar esa acción al máximo castigo. Eso no es una interpretación discutible. Es un error grave de criterio. El VAR está para corregir errores claros y manifiestos, no para crear expulsiones donde no existe temeridad.
La Juventus jugó con 10 toda la segunda mitad y la prórroga
Lo más preocupante es el precedente. Porque esta roja condicionó el partido y probablemente la eliminatoria. Y cuando una decisión de este nivel altera el equilibrio competitivo en Champions League, el mínimo exigible es coherencia. Igualar la caída accidental de un salto con una patada de caza como la de Joel Roca es desdibujar el reglamento. Es vaciar de contenido la tarjeta roja. Y cuando la roja pierde significado, el arbitraje pierde autoridad.
No se trata de una jugada difícil de analizar. Es un cruce de cables monumental. Y decisiones así no elevan el nivel arbitral europeo. Lo dejan en absoluta evidencia.