Por qué algunas acciones duras ya no son roja… y otras sí: el matiz clave del juego brusco grave.
Una de las mayores fuentes de confusión arbitral entre los aficionados en los últimos tiempos tiene que ver con el juego brusco grave y, más concretamente, con por qué acciones muy aparatosas ya no se sancionan con tarjeta roja mientras otras, aparentemente similares, sí lo son. La clave está en una distinción reglamentaria que quizá no se ha explicado de la mejor manera a los aficionados: no es lo mismo una acción derivada de un juego deliberado y controlado del balón que una disputa violenta del mismo.
El reglamento ha evolucionado para diferenciar claramente ambos escenarios. Cuando un jugador tiene la posesión controlada del balón y realiza una acción voluntaria, por ejemplo, dar un pase a un compañero, el contacto posterior con un rival que invade su espacio ya no se considera automáticamente juego brusco grave, incluso aunque sea duro o visualmente impactante. La razón es simple: el contacto no lo provoca únicamente el jugador que ejecuta la acción, sino que es consecuencia de una coincidencia de movimientos, donde el rival entra en la zona natural de ejecución.
Impacto violento tras jugar el balón de forma deliberada
⁉️💥 ¿Es roja directa la acción de Tchouameni sobre Pedri?
✅ 𝗡𝗢.
▪️ Tchouameni da un pase y es Pedri el que pone su pie por delante de la trayectoria del pie del francés.
📖 Se trata de un contacto residual no punible. pic.twitter.com/72CyYT3uOR
— Archivo VAR (@ArchivoVAR) October 26, 2024
Un ejemplo claro de este tipo de acción es la ya famosa jugada de Tchouaméni sobre Pedri en un Real Madrid–Barcelona. El francés da un pase controlado y, tras hacerlo, impacta con el rival que llega tarde a la acción. Durante mucho tiempo se pidió roja, pero hoy el criterio es claro: no es expulsión, porque existe juego deliberado del balón y no una disputa violenta del mismo. Lo mismo ocurrió recientemente en el Rayo Vallecano–Oviedo, cuando Mendy, al sacar el balón jugado, impacta con los tacos en la rodilla de Fede Viñas, incluso provocándole una herida. Aparatoso, sí. Roja, no. La acción nace de un gesto técnico controlado, no de una entrada.
⁉️💥 ¿Es roja directa la acción de Mendy sobre Viñas?
✅ 𝗡𝗢.
👉🏻 El defensor intenta dar un pase y, con la inercia del movimiento, impacta con los tacos en el delantero.
▪️ El CTA considera que este tipo de acciones, de juego voluntario, no son revisables por el VAR. pic.twitter.com/p3OTh3Lk5y
— Archivo VAR (@ArchivoVAR) November 23, 2025
Impacto violento tras una disputa de balón
Muy distinto es el segundo escenario: la disputa del balón sin control, cuando un jugador va al suelo o entra con fuerza excesiva para ganar un balón dividido. En estas acciones, tocar balón no exime de infracción si el impacto posterior es violento. Aquí sí hablamos de juego brusco grave y de tarjeta roja.
🖥️💥 El VAR tuvo que salvar los muebles, hasta en dos ocasiones, de Galech Apezteguía.
👉🏻 Cazorla clava los tacos en la cara externa del tobillo de Muriqi, doblándoselo.
✅ 𝗘𝗦 𝗥𝗢𝗝𝗔 𝗗𝗜𝗥𝗘𝗖𝗧𝗔.
▪️ El colegiado tuvo que acudir al monitor para revisar la infracción. pic.twitter.com/9TpEK0FHa9
— Archivo VAR (@ArchivoVAR) December 5, 2025
El Real Oviedo–Mallorca, con la entrada de Santi Cazorla sobre Muriqui, es un ejemplo perfecto. Cazorla entra a ras de suelo, toca balón, pero impacta después de forma clara y peligrosa en el rival. No hay control, no hay pase deliberado: hay disputa. Roja. Lo mismo ocurrió en el reciente Rayo Vallecano–Real Betis, cuando Pathé Ciss puntea un balón y acaba clavando los tacos en el tobillo de Deossa. Acción directa, sin control, con riesgo evidente para la integridad del rival: expulsión indiscutible.
🖥️💥 El VAR le perdonó la expulsión a Pathé Ciss.
👉🏻 El senegalés intercepta el balón y, tras ello, deja los tacos en la cara interna del tobillo de Deossa.
❌ 𝗘𝗦 𝗥𝗢𝗝𝗔 𝗗𝗜𝗥𝗘𝗖𝗧𝗔.
▪️ Ciss no tiene el control del balón, por lo que no se trata de juego deliberado. pic.twitter.com/iSw2XCDOJY
— Archivo VAR (@ArchivoVAR) December 16, 2025
En resumen, el criterio actual no premia la dureza ni castiga la espectacularidad, sino el contexto de la acción. Jugar el balón de forma controlada y chocar no es lo mismo que ir a la disputa con fuerza excesiva. Entender esta diferencia es clave para comprender por qué el arbitraje, en este punto, ya no funciona como antes.


