¿Modificó la IFAB realmente la normativa sobre el doble toque tras el penalti de Julián Álvarez? La respuesta es clara: Sí.
El encuentro entre el Athletic Club y el Elche dejó una acción poco habitual que ha reabierto un debate que parecía cerrado desde la temporada pasada. Andrés Silva golpeó dos veces el balón en el lanzamiento de penalti y el árbitro, tras detectar la infracción, ordenó repetirlo. La decisión fue correcta conforme a la normativa actual, pero la jugada ha provocado una nueva oleada de confusión en redes sociales y tertulias, especialmente al compararse con el famoso penalti de Julián Álvarez en su eliminatoria de UEFA Champions League frente al Real Madrid.
Aquella acción generó una enorme división de opiniones. Algunos defendían que el doble toque era claro; otros consideraban que el contacto era mínimo; otros directamente negaban que existiera. Sin embargo, más allá del debate visual o interpretativo, el verdadero núcleo del problema estaba en el reglamento. No en la percepción. No en la cámara lenta. En el texto normativo.
🖥️💥 El Athletic Club – Elche fue testigo de la nueva normativa del «doble toque».
👉🏻 André Silva toca el balón con los dos pies en su lanzamiento de penalti.
✅ 𝗦𝗘 𝗗𝗘𝗕𝗘 𝗥𝗘𝗣𝗘𝗧𝗜𝗥.
▪️ Tras la modificación de la normativa, los lanzamientos de penalti deben repetirse. pic.twitter.com/DuG6ATI7zv
— Archivo VAR (@ArchivoVAR) February 20, 2026
¿Qué ocurría antes del doble toque de Julián Álvarez?
Durante años, cada vez que se producía un doble toque en un penalti ejecutado durante el tiempo reglamentario, la resolución era uniforme: tiro libre indirecto a favor del equipo defensor. El penalti se consideraba fallado y el juego se reanudaba desde el área del equipo que defendía. Este criterio se aplicaba también en las tandas de penaltis, donde el lanzamiento simplemente se daba por errado.
Lo relevante es que esta práctica estaba consolidada en la aplicación arbitral, pero no aparecía desarrollada de forma específica en el reglamento con una redacción clara dedicada al supuesto concreto del penalti con doble contacto. Se trataba de una interpretación derivada del principio general que prohíbe que el ejecutor vuelva a tocar el balón antes de que lo haga otro jugador.
Esa ausencia de desarrollo detallado fue lo que explotó mediáticamente en el caso de Julián Álvarez. La discusión no se centró únicamente en si hubo o no doble toque, sino en si la consecuencia aplicada estaba suficientemente respaldada por el texto reglamentario. La FIFA detectó que el debate no era menor y decidió intervenir.
La circular de la IFAB: más que una simple aclaración
En julio de 2025, la IFAB emitió una circular que calificó como “aclaración” normativa. Sin embargo, desde un punto de vista técnico y jurídico, resulta más preciso hablar de modificación. La razón es sencilla: si la norma ya hubiese estado perfectamente explicitada en el reglamento, no habría sido necesario introducir un matiz posterior que alterara la consecuencia en determinados escenarios.
La práctica histórica nunca fue desautorizada oficialmente. Nunca se comunicó que los libres indirectos concedidos durante años tras dobles toques en penaltis fueran decisiones incorrectas. Al contrario, se asumieron como aplicación válida del protocolo. Por tanto, la circular no vino a corregir errores pasados, sino a redefinir cómo deben resolverse ciertos supuestos a partir de ese momento.

Como se aprecia en la propia circular: «El procedimiento que aquí se aclara se aplicará en las competiciones que comiencen a partir del 1 de julio de 2025», entendiendo de forma clara que se trata de un procedimiento nuevo.
Por qué la FIFA introdujo el cambio
La modificación busca una mayor proporcionalidad en partidos en juego. Si un penalti con doble toque termina en gol, la nueva redacción entiende que el castigo adecuado no es anular definitivamente la acción mediante un libre indirecto, sino repetirla para garantizar una ejecución correcta. La IFAB, de forma correcta, entiende que se trata de un error involuntario que, en la gran parte de las ocasiones puede deberse al estado del terreno de juego, por lo que no depende de forma directa del lanzador. Y, si bien hace más justas este tipo de situaciones, es un cambio que llega muy tarde.