El CTA ha decidido tocar fondo comparando dos jugadas completamente diferentes para justificarse en su Tiempo de Revisión.
Lo del Comité Técnico de Árbitros empieza a no tener arreglo. Cada martes publican su ya famoso “Tiempo de Revisión”, un espacio que, en teoría, nace para aclarar criterios, reforzar autoridad y aportar pedagogía arbitral. En la práctica, se ha convertido en un ejercicio semanal de descrédito. Y lo más preocupante es que ya no solo lo percibe el aficionado. Hay árbitros que han decidido no ver esos vídeos para no terminar indignados. Sí, árbitros. Compañeros del propio colectivo.
Llevamos semanas asistiendo a un desfile de explicaciones que rozan el surrealismo. Decisiones que el campo y las imágenes contradicen son defendidas como si fueran cátedra. El respeto interno se erosiona y apenas llevamos algo más de media temporada. Eso ya debería encender todas las alarmas. Pero este martes el CTA ha decidido superarse.
El CTA y su particular «sujétame el cubata»
Uno casi puede imaginar la escena: reunión interna, sala cerrada, alguien preguntando “¿cómo podemos hacer el ridículo más estrepitoso de los últimos años de un comité técnico de árbitros?” Y otro respondiendo: “¿por qué no comparamos dos jugadas totalmente diferentes?” Y el resto asintiendo encantado con una sonrisa de oreja a oreja. Porque eso es exactamente lo que han hecho. El «sujétame el cubata» se les ha quedado pequeño.
Han utilizado el “Tiempo de Revisión”, que debería servir para ordenar criterios, para comparar dos acciones que no tienen absolutamente nada que ver entre sí. Y lo han hecho para intentar sostener un relato.
Para el Comité, un despeje con posesión de balón es un «balón dividido»
La primera jugada es la acción de Valentín Gómez sobre Ratiu en el Real Betis – Rayo Vallecano. Martínez Munuera muestra amarilla inicialmente. Una amarilla discutible, porque estamos ante una acción de juego del balón. Valentín recupera la posesión, aunque el CTA insista en negarlo cortando la parte de la acción en la que se evidencia esta situación, hace el gesto de control y, al ver que el rival se le echa encima, despeja con rapidez. No es una entrada. No es un salto. No es una plancha. Es un despeje acelerado porque el balón se le va un poco largo y necesita anticiparse. El contacto se produce porque Ratiu invade el espacio colocando la pierna delante del despeje.
La secuencia que retrata al CTA: Valentín sí tenía la posesión

Jugadores de ambos equipos, del Betis y del Rayo, coincidieron en que era un lance del juego. No lo dijo un bando. Lo dijeron los dos. Isi pidió personalidad a Martínez Munuera tras la decisión en vivo y Llorente agradeció a Isi su sinceridad. Todos parecían estar de acuerdo a nivel futbolístico con la decisión del colegiado valenciano.
Sin embargo, González Fuertes llamó desde el VAR para valorar una posible roja directa. El árbitro fue al monitor y decidió que no era expulsión. Correcto. Pero mantuvo la amarilla y la falta, lo cual ya deja una sensación extraña: si no es una acción de fuerza excesiva, si no es roja, ¿qué es exactamente? ¿Un despeje que se convierte mágicamente en infracción por existir contacto?
Para el Comité, una entrada al tobillo a ras de suelo también es un «balón dividido»
Hasta ahí, discutible. Pero lo verdaderamente grave llega cuando el CTA decide comparar esa acción con la roja de Omar Mascarell en un Real Mallorca – Real Betis de la pasada temporada. Y aquí es donde el argumento se rompe.
Mascarell se lanza a ras de suelo, ejecuta una entrada, roza o toca ligeramente el balón y termina clavando los tacos en la pierna apoyada del rival. Es una entrada. Una acción clásica de disputa agresiva a ras de suelo. Lo de Valentín es un despeje tras recuperación de posesión. Comparar ambas situaciones no es matiz técnico. Es mezclar conceptos distintos.

El Comité presenta la acción de Mascarell como ejemplo de lo que debe ser roja y la utiliza para sostener su relato sobre la de Valentín. Pero no son acciones similares. No son siquiera parecidas. Una es una entrada a ras de suelo con uso de fuerza excesiva. La otra es un despeje con posesión previa. Equipararlas es forzar el marco hasta el absurdo y evidenciar el lamentable nivel técnico que posee el nuevo CTA.
El CTA, cual fanático promedio de redes sociales
Cuando un comité técnico necesita comparar acciones estructuralmente distintas para sostener un argumento, el problema no es de interpretación. Es de credibilidad. Porque eso es exactamente lo que hacen los fanáticos en redes sociales: elegir dos vídeos distintos y presentarlos como equivalentes para ganar un debate. Un comité técnico no puede operar así.
El “Tiempo de Revisión” nació para elevar el nivel del discurso arbitral. Hoy, lamentablemente, lo rebaja. Porque no se trata de que una decisión pueda gustar más o menos. Se trata de coherencia. De consistencia. De no manipular el contexto para proteger una narrativa.
Si el camino va a ser este, quizá la solución más digna sea dejar de hacer el vídeo. En Portugal lo intentaron y lo cancelaron. A veces es mejor no abrir la puerta a un espacio que termina erosionando más de lo que construye. Ojos que no ven, corazón que no siente. Porque comparar un despeje con una entrada no es pedagogía arbitral. Es otra cosa. Y el CTA debería decidir si quiere ser autoridad técnica… o convertirse definitivamente en el peor Comité Técnico de Árbitros de las últimas décadas.