Meritocracia sí, pero no para todos: el colectivo arbitral alucina con las decisiones del CTA.

 

El Comité Técnico de Árbitros hizo oficiales este lunes los ascensos, descensos y cambios de categoría para la próxima temporada. Una publicación que todos los veranos genera debate, pero que este año ha provocado una reacción especialmente llamativa dentro del propio colectivo arbitral. La sensación general es que muchas de las decisiones son perfectamente defendibles desde el punto de vista de la meritocracia, pero que otras han resultado tan sorprendentes que han dejado completamente descolocados incluso a numerosos árbitros.

 

Dos descensos que han pillado a todos en fuera de juego

 

La gran bomba llegó en Primera División. Fran Soto ha tomado una decisión sin precedentes recientes al apartar de la élite a dos árbitros internacionales como Cuadra Fernández y Muñiz Ruiz. Ambos abandonan el arbitraje de campo y pasan a formar parte del equipo especializado de VAR, perdiendo además sus respectivas escarapelas FIFA.

El caso de Muñiz Ruiz es posiblemente el menos discutido desde el punto de vista deportivo. Dentro del colectivo arbitral nunca terminó de entenderse demasiado bien su nombramiento como internacional. Sus temporadas en Primera División han estado marcadas por la irregularidad y por un nivel que rara vez ha estado a la altura de lo que se espera de un árbitro FIFA. De hecho, son muchas las voces que consideran que este movimiento llega con algún año de retraso.

Mucho más inesperado ha sido el caso de Cuadra Fernández. Hablamos de un árbitro consolidado, con experiencia internacional y que, pese a no haber firmado una temporada brillante, tampoco parecía encontrarse en una situación que invitara a pensar en una salida tan drástica. Su relación con el nuevo CTA no ha parecido especialmente fluida durante los últimos meses y algunos compañeros consideran que determinados episodios recientes, especialmente en el tramo final de temporada, podrían haber influido en una decisión que nadie vio venir.

 

Lo de Quintero González nadie lo vio venir

 

Tan sorprendente como los descensos ha sido el reparto de las escarapelas internacionales que dejan libres ambos colegiados. García Verdura era un nombre prácticamente incontestable. Ha firmado una temporada muy correcta, ha demostrado personalidad, criterio y capacidad para gestionar encuentros de máxima exigencia. Su nombramiento ha sido recibido con absoluta normalidad.

La sorpresa llega con Quintero González. Dentro del arbitraje profesional son muchos los que reconocen no entender esta decisión. No porque haya realizado una mala temporada, que no la ha hecho, sino porque tampoco ha mostrado un nivel que invite a pensar en un árbitro internacional. De hecho, su curso anterior fue claramente inferior al actual y su trayectoria reciente está muy lejos de la regularidad que normalmente se exige para alcanzar ese estatus.

Por eso, dentro del colectivo, la sensación es inevitablemente parecida a la que existió cuando Muñiz Ruiz fue nombrado internacional. No significa que Quintero no pueda evolucionar ni convertirse en un árbitro más sólido en el futuro, pero sí existe una percepción bastante extendida de que había otros nombres con más argumentos deportivos para recibir esa distinción.

 

Algunos ascensos merecidos… y otros no tanto

 

En cuanto a los ascensos a Primera División, hay dos decisiones que apenas generan discusión. González Esteban y Muñiz Muñoz eran candidatos naturales. El primero lleva varias temporadas instalado entre los árbitros más fiables de Segunda División, manteniendo siempre un nivel alto y constante. El segundo representa una apuesta de futuro. Es joven, tiene margen de crecimiento y, aunque todavía no alcanza el nivel que mostraron en su día ascensos como los de Alberola Rojas, García Verdura o Busquets Ferrer, sí ha demostrado capacidad suficiente para merecer la oportunidad.

Más debate generan los otros dos nombres.

Bestard Servera ha sido, posiblemente, el mejor árbitro de los que finalmente han ascendido. Su temporada ha sido excelente y su actuación en el playoff confirmó muchas de las buenas sensaciones que venía dejando durante el año. Sin embargo, sorprende la velocidad con la que ha llegado a Primera División, ya que apenas acumulaba una temporada en Segunda. Es una apuesta que puede entenderse y defenderse, aunque muchos consideran que otros árbitros con más experiencia y mejor trayectoria acumulada merecían la oportunidad antes que él.

 

Lo de Orellana Cid no se sostiene por ningún lado

 

La verdadera sorpresa, sin embargo, es Orellana Cid.

Su ascenso ha dejado atónitos a numerosos integrantes del colectivo arbitral. No se trata de un árbitro desastroso, ni mucho menos, pero sí de un colegiado que está muy lejos de haber firmado una temporada que justificara un salto a Primera División. Sus problemas para controlar el ritmo de los encuentros, la enorme cantidad de faltas y amonestaciones que suele señalar, y algunos partidos especialmente cuestionados durante la temporada hacen que su promoción resulte difícil de explicar desde un criterio estrictamente meritocrático.

De hecho, llama especialmente la atención que haya ascendido por delante de nombres como Lax Franco, Palencia Caballero, Sánchez López o Fuentes Molina, árbitros que han firmado temporadas considerablemente más sólidas y que, para muchos observadores, reunían más méritos deportivos para ocupar una de las plazas disponibles.

 

Cuatro descensos que no chirrían a nadie

 

Mientras tanto, en Segunda División también se han producido movimientos esperados. González Díaz estaba prácticamente fuera desde que quedó apartado de la competición tras la investigación judicial abierta por un presunto delito de agresión sexual. Moreno Aragón ya había dejado entrever su retirada en las últimas semanas, una decisión que muchos relacionan con la posibilidad real de perder la categoría. A ellos se suman Muresan Muresan y De Ena Wolf, este último tras una temporada extremadamente complicada en la que nunca consiguió adaptarse al fútbol profesional.

Precisamente el descenso de De Ena Wolf es un movimiento que prácticamente nadie discute. Su rendimiento durante el curso ha estado muy por debajo del nivel exigido para la categoría y su continuidad habría resultado difícilmente justificable.

 

Meritocracia, sí… pero no para todos

 

Por todo ello, la sensación que queda tras las decisiones anunciadas por el CTA es extraña. Hay movimientos que parecen responder claramente a criterios deportivos y meritocráticos. Los ascensos de González Esteban o internacionalidad de García Verdura son ejemplos evidentes. Sin embargo, también existen decisiones que han generado tantas dudas dentro del propio colectivo que resulta complicado defender que todo responde únicamente al rendimiento mostrado sobre el terreno de juego. De hecho, el ascenso de Olatz Rivera a Segunda División tampoco parece formar parte de esas decisiones basadas en pura meritocracia teniendo en cuenta el nivel mostrado durante las últimas temporadas. Y es que en el mundo del arbitraje, hay más variantes que el propio nivel arbitral.

Fran Soto ha defendido durante las últimas horas que todas las decisiones han sido tomadas bajo criterios de meritocracia. El problema es que, cuando se analizan algunos nombres concretos, buena parte del arbitraje español sigue sin encontrar una explicación que encaje con ese discurso.