Ocho amarillas perdonadas y dos al borde de la roja: el arbitraje más vergonzoso del Mundial.
Hay arbitrajes malos y hay arbitrajes que marcan época por lo malos. El del uzbeko Ilgiz Tantashev en el Francia – Paraguay de octavos de final entra, con diferencia, en la segunda categoría. Le ponemos un 1 sobre 10, y que quede claro por qué: es un 1 porque no llegó a haber una novena acción polémica que lo mandara directo al 0. Lo que hizo este colegiado sobre el campo es de las mayores vergüenzas arbitrales que se recuerdan en una Copa del Mundo.
Y lo más sangrante no es un error puntual, eso le pasa a cualquiera, sino que no leyó el partido en ningún momento. Tuvo delante, casi siempre a pocos metros, hasta ocho amarillas que decidió no mostrar: seis clarísimas, dos de ellas coqueteando con la roja, y otras dos que un partido de este voltaje te obligaba a sacar sí o sí. Encima, hablamos de un árbitro con fama de estricto y de gatillo fácil con la cartulina; aquí, en cambio, se guardó el bolsillo justo cuando más falta hacía. Que el marcador de amonestaciones acabara 3-0 para Francia, cuando el que repartía era Paraguay, lo resume todo. Vamos con ellas, una a una.
Minuto 34
Un agarrón de Cubas a Mbappé. El francés le recorta y el paraguayo, sin intención de disputar el balón, le sujeta la camiseta con las dos manos y con fuerza. Ahí se monta la primera trifulca del partido. Es, quizá, la más discutible de las ocho: en un choque de baja intensidad te la puedes ahorrar. Pero este no lo era, y se olía desde el pitido inicial. Justo por eso había que sacarla, aunque solo fuera para poner un límite y avisar de que por ahí no se iba a pasar. No lo hizo, y el partido empezó a escapársele desde bien pronto.

Minuto 38
Un golpe de Galarza a Mbappé sin balón de por medio. En plena carrera para frenarlo, el paraguayo le suelta un manotazo que impacta en el hombro; un poco más arriba y estamos hablando de roja. Amarilla clarísima. Y lo más grave: Tantashev está a cuatro metros, mirando la acción de frente. La inmensa mayoría de árbitros del mundo la sacan sin pensárselo.

Minuto 68
Gustavo Velázquez la toma con el punto de penalti y le da varias patadas para levantar el césped, con el colegiado al lado. Puede que Tantashev no lo viera, pero el asistente sí tuvo que verlo, y ahí falla el equipo arbitral al completo. Es una amarilla de manual por conducta antideportiva que también quedó sin mostrar.

Minuto 72
Otra clarísima, de nuevo Cubas. Entrada temeraria de manual sobre Rabiot en el centro del campo: no llega ni de lejos al balón y se lleva por delante al francés con mucha violencia. El árbitro, a unos metros. Ni siquiera la falta le pareció merecedora de cartulina.

Minuto 77
Patada de Cáceres a Mbappé con el juego ya parado. Es un golpe sutil, una patadita, pero eso da igual: si el juego está detenido porque ya se ha señalado una infracción, no puedes ir y darle una patada a un rival. Con el balón parado, eso es amarilla sí o sí.

Minuto 80
Una de las dos que rozan la roja. Ávalos le mete un codazo a Upamecano, sin balón de por medio, en la boca del estómago. El movimiento no es amplísimo, lleva el brazo pegado al cuerpo, pero echa el codo hacia atrás con mala intención. Es una acción antideportiva de las feas, más cerca del rojo que del amarillo: si el VAR llega a entrar a revisarla, te vas a casa expulsado y no puedes protestar nada. No la revisó porque no era de intervención clara, pero de amarilla no baja. Y, otra vez, el árbitro la estaba mirando.

Minuto 91
Otra vez Galarza, ahora sobre Olise. Le golpea el pie de apoyo y, cuando el francés cae al suelo dolido, encima se dirige a él de malas formas. Por separado, quizá la falta no sea amarilla; pero el cúmulo, el golpe más el reproche al rival tirado en el suelo, sí lo es, por antideportivo. Tantashev estaba a un metro, de frente, y no movió la mano.

Minuto 94
Cerramos con la tercera de Galarza, la segunda que se queda al borde de la roja. Un manotazo en la barbilla a Koundé que en redes ya circula señalado por muchos como posible expulsión. Un poco más de altura o de fuerza y es roja clara; incluso tal y como se produce, si el VAR entra a mirarla no pasaría nada. Un golpe muy feo que, como mínimo, era amarilla de sobra.

Resumiendo: dos amarillas que podrían haber sido perfectamente roja, cuatro clarísimas más y otras dos que el propio guion del partido obligaba a mostrar, una al principio, para frenar la intensidad; otra por acumular falta y reproche. Ocho en total. Ocho.
No es cuestión de una mala tarde. Es un árbitro que tuvo el partido en la mano, que dispuso de un puñado de ocasiones para cortar la dureza y ponerle freno, y que, sencillamente, no quiso. Y eso es lo más grave que le puede pasar a un colegiado: tener la oportunidad de hacerlo bien y elegir no hacerlo. Por rendimiento, Tantashev debería pasar mucho tiempo lejos de una designación internacional, porque lo de ayer no estuvo ni cerca del nivel que exige un Mundial. Un arbitraje que quedará marcado como uno de los peores que se han visto en una Copa del Mundo.