Rubén Ávalos Barrera lidera en aciertos desde el VAR, mientras el CTA pierde criterio y credibilidad en sus propios análisis.
En un panorama arbitral marcado por la confusión de criterios y la pérdida progresiva de credibilidad institucional, hay un dato que sobresale con claridad: Rubén Ávalos Barrera es, hoy por hoy, el árbitro VAR más fiable del fútbol español. Y es que, pese a la polémica en torno a su figura de los últimos días en LaLiga Hypermotion, los números lo respaldan de forma incontestable. De los 15 especialistas VAR que operan actualmente en España, ninguno presenta un balance tan sólido como el suyo: 10 intervenciones correctas y solo 2 erróneas.
Frente a esto, el resto de especialistas ofrece balances mucho más irregulares: árbitros con nueve aciertos y siete errores, como es el caso de Carlos Del Cerro Grande, otros con siete y siete, como es el caso de Jorge Figueroa Vázquez, o perfiles con seis aciertos y dos errores, como sucede con Luis Mario Milla Alvéndiz, pero con una muestra claramente menor. El diferencial de Ávalos Barrera es evidente, tanto en cantidad como en calidad.
Descendido por el CTA sin motivos arbitrales para ello
Conviene recordar de dónde viene. La pasada temporada, Rubén Ávalos Barrera arbitraba en Segunda División y firmó un curso bastante correcto, sin un gran número de errores graves y con un nivel medianamente regular. Sin ser el mejor árbitro de la tabla, se ubicaba en la parte alta de la clasificación. Pese a ello, fue descendido y reubicado en el equipo específico de VAR. No fue una decisión vinculada a rendimiento deportivo, eso es algo que dentro del arbitraje se conoce bien, sino a factores ajenos a lo puramente técnico que nunca se explicaron públicamente. Lejos de resentirse, Ávalos Barrera ha respondido con profesionalidad, discreción y un rendimiento sobresaliente en su nuevo rol.
Hoy, los datos son claros: es el mejor VAR del país.
El CTA se retrata en Tiempo de Revisión
Sin embargo, su temporada no ha estado exenta de polémica mediática, especialmente por una intervención concreta: el Cádiz–Castellón. Una acción que, paradójicamente, sirve para reforzar su figura y, al mismo tiempo, dejar en evidencia al Comité Técnico de Árbitros.
La jugada es nítida en su secuencia. Tras un remate de cabeza en el segundo palo, el balón impacta en el brazo de Cámara. Ese primer contacto, de forma aislada, podría no ser punible. Pero a continuación se produce un movimiento adicional del brazo, voluntario o involuntario, es irrelevante, que impulsa el balón y provoca que caiga directamente a los pies de un delantero, generando una ocasión inmediata de gol. Al existir un segundo impacto con el balón que lo cambia de dirección de forma clara, la acción es punible y no hay margen interpretativo real.
🖥️💥 Correcta intervención del VAR en el Cádiz – Castellón.
👉🏻 Camara impulsa el balón con la mano tras caerle en el brazo al intentar rematar.
✅ 𝗘𝗦 𝗠𝗔𝗡𝗢.
▪️ Pese a ser accidental y de un no goleador, es una mano que va al balón y, por tanto, punible. pic.twitter.com/BuDW7P3ZAC
— Archivo VAR (@ArchivoVAR) December 21, 2025
Ávalos Barrera intervino. Y lo hizo correctamente. Con lectura de la jugada, con criterio y con fidelidad absoluta al reglamento. Sin embargo, el CTA decidió calificar esa intervención como errónea. Una decisión que no entienden ni muchos árbitros del propio colectivo, incluidos perfiles con amplia experiencia. Para un grupo significativo de colegiados, esa mano es punible “a todas luces”.
El CTA pierde credibilidad jornada tras jornada
Y aquí está el verdadero problema. Cuando el organismo que debe fijar criterios desautoriza un acierto claro para sostener un discurso cambiante, quien sale reforzado es el árbitro que mantiene la coherencia. En esta acción concreta, Ávalos Barrera tuvo más criterio que el propio CTA. Y no es una afirmación retórica, sino técnica.
Este episodio no es aislado, sino representativo del momento que atraviesa el Comité. Mientras el CTA pierde solidez y credibilidad en sus análisis, algunos árbitros demuestran una comprensión mucho más clara del reglamento y del juego. Ávalos Barrera es el ejemplo más evidente: discreto, eficaz, preciso. Sin protagonismo innecesario. Decidiendo solo cuando toca y acertando en el gran porcentaje de las ocasiones.


