Sesma Espinosa señaló un «penalti» de Dela sobre Mbappé que no puede sostenerse ni por reglamento ni por sentido común.
El penalti señalado a favor del Real Madrid ante el Levante UD ha generado una fuerte controversia, no solo por la decisión en sí, sino por los argumentos utilizados para defenderla. Una acción protagonizada por Kylian Mbappé y Dela que, analizada con detenimiento, no puede sostenerse ni desde el reglamento ni desde el sentido común.
La jugada nace tras un regate del atacante madridista. Mbappé se adelanta el balón y, anticipando que el defensor va a lanzarse al suelo, decide dejarse caer. Y aquí es donde empieza el problema. No se trata de una caída al límite del contacto ni de un gesto instintivo para evitar un choque inminente. Mbappé inicia claramente la caída mucho antes de que el defensor llegue a tocarle. Cuando el contacto se produce, el delantero ya tiene las piernas recogidas y el cuerpo vencido hacia el suelo. Existe contacto, sí. Pero el contacto llega cuando la acción ya está decidida por el propio atacante. Y eso cambia absolutamente todo.
Diferencia entre «saltar» y «dejarse caer»
Uno de los argumentos que algunos analistas han esgrimido, alineados con el criterio del nuevo Comité Técnico de Árbitros, es que el defensor se lanza y Mbappé “no puede esquivarlo”, viéndose obligado a “saltar”. Pero esta interpretación es profundamente errónea y conviene aclararla.
No es lo mismo saltar para evitar un impacto y desestabilizarse que dejarse caer antes del contacto. Son acciones completamente distintas. En el primer caso, aunque no exista contacto, el futbolista demuestra intención clara de seguir jugando el balón. Intenta esquivar al rival, salta, pierde el equilibrio por la acción defensiva y cae. Ahí sí puede existir falta, porque la acción del defensor condiciona de forma directa el desarrollo de la jugada. En esta acción no ocurre nada de eso. Mbappé no salta para seguir jugando el balón. El francés se tira. Renuncia voluntariamente a continuar la acción antes de que el defensor llegue. Esa diferencia es capital y no puede obviarse sin desvirtuar el reglamento.
🖥️💥 El VAR se lavó las manos en el Real Madrid – Levante.
👉🏻 Mbappé se deja caer antes de que Dela contacte con él.
❌ 𝗡𝗢 𝗘𝗦 𝗣𝗘𝗡𝗔𝗟𝗧𝗜.
▪️ El jugador francés no tenía intención de seguir disputando el balón, por lo que el contacto con el defensor es irrelevante. pic.twitter.com/zkNo6B9m7Y
— Archivo VAR (@ArchivoVAR) January 17, 2026
De hecho, la prueba definitiva es clara: si Dela no llega a tocarle, estaríamos hablando sin discusión de un piscinazo acompañado de una tarjeta amarilla por simulación. Y si sin contacto es simulación, el contacto posterior no puede convertir mágicamente la acción en penalti cuando ese contacto no provoca ni modifica la caída. Aquí entra otro concepto clave que se está ignorando esta temporada: el contacto diferencial. El fútbol no castiga contactos, castiga acciones que influyen en el juego. En este caso, el contacto no derriba a Mbappé, no le impide seguir y no altera el resultado de la jugada. Mbappé iba a terminar en el suelo con o sin él.
Pese a ello, el VAR decidió no intervenir, escudándose en que al existir contacto debía prevalecer la decisión de campo. Una postura que ha sido ampliamente criticada por un grupo de analistas arbitrales, precisamente porque elimina el análisis contextual y premia la simulación.
Los criterios del nuevo CTA no convencen
Este tipo de decisiones no son nuevas. El CTA ya avaló en su día acciones muy discutibles, como el penalti concedido tras el choque entre Iago Aspas y Antonio Sivera, guardameta del Deportivo Alavés, argumentando que el delantero no podía esquivar al portero, obviando de nuevo la intención del atacante. No sería sorprendente que el próximo martes el CTA vuelva a dar por bueno este penalti. De hecho, una parte del propio estamento arbitral considera que el comité actual carece de un criterio claro y coherente. Pero si eso ocurre, el problema ya no será esta jugada concreta, sino la credibilidad del sistema. Porque, desde la lógica más básica del fútbol, esta acción no puede ser penalti nunca. El contacto no es diferencial, la intención de jugar el balón desaparece antes de producirse y el atacante ya ha decidido caer. Defender lo contrario es ir contra el sentido común y contra la función misma del reglamento: sancionar lo que realmente influye en el juego.