Designaciones inventadas, reglas que nadie se ha molestado en leer y conversaciones normales convertidas en escándalo. Las últimas semanas han dejado un retrato preocupante de una parte del periodismo deportivo español, más preocupado por incendiar que por entender.
El arbitraje español atraviesa una temporada mejor que la anterior. Hay menos errores en el campo, menos errores en la sala VOR y, en general, un nivel que, al menos, no ha empeorado lo visto en temporadas anteriores. Sin embargo, quien siga la actualidad a través de tertulias, portadas y redes sociales tendría la impresión contraria. La razón es sencilla: buena parte de las polémicas de estas semanas no existen. Son ficticias, fabricadas a base de desinformación, desconocimiento del reglamento y una alarmante falta de rigor. Y el asunto ha llegado a un punto límite.
Árbitros inventados para el Clásico
El primer capítulo llega con las designaciones. Un periodista de Marca dio por hecho que Hernández Hernández dirigiría el Clásico de este fin de semana. No había ninguna base para ello, pero durante horas el colegiado sufrió una auténtica cacería en redes sociales. Después aparecieron un periodista de Onda Cero y otro de Cuatro, presentando como exclusiva que el elegido sería Alberola Rojas. Tampoco. Tanto es así que el de Cuatro desmintió a medias su propia información apenas un día después.
Ninguno de los nombres que se dieron como seguros será el árbitro del Clásico. Lo que sí quedó fue el ruido: señalamientos, sospechas y crispación en la semana más caliente del año. Creer que se tiene información cuando no se tiene ya es grave. Publicarla como exclusiva, alimentando el odio contra un árbitro concreto, es directamente una irresponsabilidad.
Mourinho y el reglamento que no ha leído
El segundo capítulo tiene nombre propio: José Mourinho. El técnico del Real Madrid convocó a la prensa a revisar el primer minuto del partido ante el Villarreal como prueba de un supuesto doble rasero. Dos posibles fueras de juego: uno se señaló y otro no. La explicación, que cualquiera puede consultar, está en el concepto de ataque prometedor. En una jugada sin peligro, el asistente debe levantar el banderín en cuanto percibe el fuera de juego. En un ataque prometedor, debe esperar y dejar continuar.
Esa es la diferencia que Mourinho desconoce. Todo apunta a que no se ha leído el reglamento, y mucho menos el manual CARD, ni se ha molestado en preguntar a quien sabe. Aun así, desde la sala de prensa del Real Madrid prendió un incendio sostenido únicamente por su propio desconocimiento. Y, por supuesto, propagado por los periodistas afines a dicho pensamiento.
El rebote que no cambia nada
El tercer capítulo llega desde el Real Betis – Barcelona. El VAR anuló un gol a Lo Celso por una mano de Cucho Hernández al inicio de la jugada, y una multitud se lanzó a las redes para defender que el toque de Koundé suponía un cambio de posesión. No lo supone. El manual CARD lo recoge expresamente: un rebote, un desvío o una salvada no generan un cambio de posesión, que es justo lo que ocurre en esa acción.
Pese a ello, los medios de comunicación y las redes se llenaron de opiniones firmes de quien no conoce la norma. Es como ver a un grupo de aficionados explicando a unos ingenieros cómo se construye un puente, convencidos de tener razón. Ridículo.
Sin imágenes, no hay VAR
El cuarto capítulo es el Real Madrid – Sevilla. El VAR no pudo analizar la acción entre Arda Güler y Peque porque ninguna cámara enfocaba a los dos jugadores, algo que la propia LaLiga confirmó después. Para revisar una posible agresión hay que poder valorar el punto de contacto, la intensidad y la zona de golpe. No es lo mismo un codazo en la cara que un manotazo en el hombro.
Aun así, esa misma noche las tertulias se llenaron de opinadores asegurando que las imágenes bastaban para intervenir y hablando de robo escandaloso. No bastaban. Y si el VAR hubiera intervenido con esos planos lejanos, el escándalo habría sido mayúsculo. Bastaría con que días después apareciera un vídeo de la grada mostrando un simple manotazo en el pecho para que la sala VOR cargara con la culpa de haber expulsado a un jugador sin pruebas. Eso no es periodismo. Es fanatismo con micrófono.
El falso escándalo de la RefCam
El último capítulo vuelve al Real Betis – Barcelona. Se publicaron las imágenes de la RefCam de De Burgos Bengoetxea, una conversación muy fácil de entender para cualquiera con un mínimo de raciocinio. En ella se escucha cómo el VAR revisa la mano de Cucho desde el primer momento. Como es lógico, la sala VOR empieza a revisarla en cuanto los jugadores la reclaman, incluso antes de que llegue el gol.
La polémica nace de una frase: De Burgos Bengoetxea le pide a Del Cerro Grande que le chequee la mano porque se la están reclamando. Un exárbitro de Carrusel Deportivo no tardó en hablar de “VAR a la carta”. El problema es que habla de algo que nunca llegó a vivir. Su carrera terminó antes de que existieran estas conversaciones entre el árbitro de campo y la sala VOR, y se nota. Desconoce cómo funcionan, qué se dice y por qué se dice, y aun así se permite sentenciar sobre ellas como si las hubiera tenido cada fin de semana.
Cuesta, además, no ver algo más que análisis en sus críticas. En otras etapas del CTA gozaba de un trato muy cómodo; con la dirección actual es uno más. Desde entonces, sus intervenciones dan la impresión de nacer más del resentimiento que del criterio. Y cuando la opinión sale de ahí, deja de ser análisis para convertirse en un ajuste de cuentas en antena.
Jerga arbitral habitual
Lo que se escucha es jerga arbitral de lo más habitual. El árbitro comunica lo que ha visto e interpretado sobre el césped y pide al VAR que lo confirme, algo que se dice continuamente. Se lo diga o no, el VAR lo va a revisar, porque lo revisa todo. Y es entonces cuando el vídeo-arbitraje confirma su decisión o comunica que puede existir un error obvio y manifiesto en la interpretación del colegiado sobre el césped. Aun así, un programa de Cuatro convirtió la frase en su tema estrella, empezando por el propio presentador. Una hora de debate construida sobre el desconocimiento. Quien utilice esa frase como prueba de falta de transparencia demuestra, por este orden, no saber de arbitraje, no saber de protocolo VAR y carecer de un sentido común elemental.
Un mínimo de decencia profesional
Errores siempre se van a cometer en el mundo del arbitraje, y así se deben reconocer, pero el periodismo tiene una obligación básica: informar con rigor y con objetividad. Lo que se ha visto estas semanas es lo contrario. Designaciones inventadas, reglas ignoradas, conversaciones sacadas de contexto e indignación a la carta según el escudo. No es un problema de opiniones distintas, sino de ignorancia presentada como análisis.
Equivocarse forma parte del oficio. Hacerlo una y otra vez, sin rectificar y con el único objetivo de incendiar, es otra cosa. Mientras una parte de los medios siga confundiendo el análisis arbitral con el ruido, el debate seguirá girando en torno a polémicas que solo existen en sus propias tertulias.