El técnico del Real Madrid invitó a la prensa a revisar el arranque del partido ante el Villarreal como prueba de un supuesto sesgo arbitral. Las imágenes muestran dos acciones arbitrajes perfectas en su gestión y una queja que no se sostiene.

 

José Mourinho dejó ayer en rueda de prensa una petición concreta: que la prensa estudiara el primer minuto del Real Madrid-Villarreal para entender lo que es la doble vara de medir arbitral. La invitación merece ser aceptada, porque el resultado es revelador. En ese minuto ocurren dos acciones de posible fuera de juego, una para cada equipo, y ambas están gestionadas de forma correcta. Lo que se observa, en términos de sesgo, es exactamente nada.

 

Minuto 1:03: Mbappé, de espaldas y en el centro del campo

 

Mbappé recibe de espaldas a portería, a un par de metros como mucho de la línea del centro del campo, y abre para Arda Güler. El asistente levanta el banderín. Con la toma televisiva es imposible saber si hay fuera de juego o no. Desde el entorno de Mediacoach se asegura que no lo es, pero mientras no haya una línea trazada, no se puede afirmar ni desmentir.

Lo relevante es otra cosa. En la imagen aparecen seis jugadores del Villarreal frente a dos o tres del Real Madrid, ya que Diomandé está muy escorado en la banda. No hay ataque prometedor, ni inicio de uno, ni ocasión manifiesta de gol. Si el asistente percibe fuera de juego en esa situación, lo que tiene que hacer es levantar el banderín. Y eso es lo que hace. Ni el propio José Mourinho protestó la acción. Sin embargo, resulta curioso lo relevante que se ha vuelto de repente dicha acción para el técnico luso.

Minuto 1:37: Ayoze, al primer toque y con superioridad

 

Pocos segundos después, Ayoze recibe en una posición que también podría ser de fuera de juego. Tampoco se puede saber: Alexander-Arnold no aparece en la imagen, y sin él cualquier conclusión es pura inventiva, por mucho que se diga desde ciertos medios que Ayoze sí estaba adelantado.

Pero la jugada no se parece en nada a la de Mbappé. Ayoze recibe unos 15 metros más adelante, cerca de los tres cuartos de campo, y cede al primer toque para Pape Gueye, que encara de cara. En ese momento hay cinco atacantes del Villarreal contra cuatro defensores del Real Madrid. Eso es un ataque prometedor.

La diferencia: el ataque prometedor

 

Ahí está la clave que Mourinho pasa por alto. En una jugada sin peligro, el asistente debe señalar el fuera de juego en cuanto lo percibe. En un ataque prometedor, el protocolo le permite esperar y dejar continuar. Si en la acción de Ayoze el asistente consideró que no había fuera de juego y se equivocó, es un error y punto, pero el juego continuó como, por protocolo, debe ser. Si lo vio y decidió retrasar el banderín, actuó por tanto correctamente. En cualquier caso, la acción no terminó en nada: el Villarreal atacó, volvió atrás y el balón acabó en Renato Veiga, en su propia defensa.

Comparar ambas jugadas como si fueran iguales solo evidencia un desconocimiento del protocolo, algo bastante extendido entre jugadores, entrenadores y presidentes. Querer dar una lección de arbitraje con este ejemplo deja en mal lugar a quien la da, no a quien la recibe. Como argumento de doble vara, resulta pobre hasta rozar lo ridículo.

Motivos sí, pero no este

 

Nada de esto significa que el Real Madrid no tenga razones para quejarse esta temporada. Las tiene. El derbi es el ejemplo más claro: un penalti no señalado por mano de Pubill y una roja a Kang-in Lee que no se mostró, dos decisiones que habrían cambiado el partido por completo y quizá su resultado. Ahí hay motivos de sobra para cuestionar tanto al árbitro de campo como al VAR.

Contra el Villarreal, en cambio, los motivos son cero. Y quejarse de todo tiene un coste: es el cuento de “que viene el lobo”. Cuando cada decisión normal se presenta como un agravio, el día que llega una queja legítima suena como una más. Hay que quejarse cuando toca, como en el derbi. Ante el Villarreal no tocaba, y menos con un argumento tan endeble.