EL PENALTI DE KIKE SALAS: LO QUE PARECE FALTA, SEGÚN EL PROPIO MANUAL DEL CTA, NO LO ES.

 

El Sevilla–Atlético de Madrid dejó en los instantes finales una acción polémica, un posible penalti, que ha dividido a los aficionados. Para una gran mayoría, fue penalti, y por tanto un error tanto de Alberola Rojas sobre el campo como de Iglesias Villanueva en el VAR. Pero cuando uno deja a un lado la primera impresión y acude a los criterios que el propio CTA ha publicado en su nuevo manual CARD, la lectura cambia por completo. Vamos a explicarlo paso a paso, porque este es uno de esos casos en los que el reglamento, leído con calma, dice justo lo contrario de lo que grita la grada.

 

La acción

 

Balón centrado al área. El defensor del Atlético, Hjulmand, parece que va a anteponerse a sus rivales, pero aparece Kike Salas y mete el pie. Es Salas quien llega antes al balón, y en el mismo momento en que contacta con él, se produce también un contacto con el jugador del Atlético.

Seamos precisos con ese contacto, porque es la clave de todo: existe, se aprecia, no es un roce imperceptible. Pero tampoco es una patada consistente ni un impacto de intensidad. Es un contacto pie con pie de poca fuerza. Y cuando Salas lo siente, se deja caer.

De hecho, y este es un dato demoledor, el propio Kike Salas habría reconocido en el postpartido que se tira porque siente el contacto, que de no haberlo notado no se habría dejado caer. Que un jugador admita que se deja caer al notar un contacto es, en sí mismo, la confesión de que la caída no es consecuencia del contacto, sino una decisión. Y ahí es donde entra el manual.

 

 

Lo que dice CARD, textualmente

 

El nuevo manual del CTA dedica un apartado a los penaltis por disputa con las piernas, y dentro de él, un párrafo sobre la complejidad interpretativa que es clave para esta jugada. Cito textualmente:

«Uno de los principales desafíos consiste en determinar si existe una relación clara de causa a efecto entre la acción del defensor y la caída o pérdida de equilibrio del atacante. Además, factores como la intensidad del contacto, el momento en el que se produce la disputa del balón y la acción realizada por ambos jugadores condicionan la interpretación de la jugada.»

Ahí está todo. Tiene que existir una relación clara de causa a efecto entre lo que hace el defensor y la caída del atacante. Y en esta jugada, esa relación no existe. Hay un contacto de baja intensidad que el atacante aprovecha para tirarse. La caída no es el efecto inevitable del contacto: es una respuesta buscada.

 

 

El detalle del balón que lo confirma

 

Hay un indicio más que refuerza la lectura, y el propio manual invita a fijarse en él: dónde acaba el balón. Tras el contacto de Salas, el balón sale rebotado lejos, hacia fuera del área. Eso sugiere que la intención de Salas no era controlar el balón para seguir jugándolo, sino llegar antes y provocar la situación: tocar el balón para poder decir «yo he tocado el balón y me han dado». Pero tocar el balón primero no convierte en penalti cualquier contacto posterior. Y aquí el contacto no da para pena máxima.

 

La tabla de criterios: dónde encaja exactamente esta acción

 

El manual acompaña la explicación con una tabla de situaciones. Y la acción de Salas encaja de forma nítida en uno de los supuestos que no son penalti:

Por un lado, sería penalti una patada, zancadilla, pisotón o plantillazo claro, con una relación evidente de causa y efecto y con temeridad o fuerza excesiva. Nada de eso ocurre aquí.

Por otro, no es penalti «un contacto normal de fútbol entre defensa y delantero, sin una clara relación de causa y efecto»: un leve pisotón en la puntera o el lateral de la bota, o un contacto con la pierna casi en estático acompañado de una caída del delantero que no se corresponde con la intensidad del contacto. Esto es, punto por punto, lo que pasó ayer. La caída de Salas no se corresponde con la intensidad de lo que recibió. No hubo daño, no hubo dolor, no hubo treinta segundos en el suelo. Hubo un toque y una caída buscada.

 

Por qué el VAR no debía entrar

 

Aquí conviene entender el papel del VAR, porque mucha gente pide su intervención sin tener claro cuándo procede. El VAR solo entra ante errores obvios y manifiestos. Y esta acción no lo es, precisamente porque hay contacto. Es una jugada de las que viven en el límite: lo que el árbitro señale sobre el campo, tiende a prevalecer.

Es decir: si Alberola Rojas hubiera pitado penalti en directo, probablemente habría prevalecido, porque al haber contacto el VAR tampoco habría intervenido para quitarlo. Y al revés, como ocurrió, al no señalarlo, el VAR tampoco tenía margen para corregir, porque no señalarlo no es un error obvio y manifiesto, sino una interpretación válida y, a la luz del manual, la más correcta.

 

El criterio ha evolucionado

 

Conviene recordar, además, que el CTA reconoció que la temporada pasada hubo errores en la señalización de algunos penaltis de esta índole, y que en otros casos no es que hubiera error, sino que el criterio ha evolucionado. Acciones que el año pasado se daban por buenas, incluso con intervención del VAR para señalarlas, como un caso en un Athletic Club – Rayo Vallecano, este año no van a ser penalti si no existe una intensidad considerable. La acción de Kike Salas es exactamente el tipo de jugada que el nuevo criterio quiere dejar fuera.

 

Conclusión

 

Que quede claro: es legítimo que a primera vista mucha gente viera penalti, porque hay contacto y hay caída, y esos dos ingredientes juntos activan el clamor. Pero el análisis serio, el que hace el propio CTA en su manual, exige algo más: una relación clara de causa y efecto y una intensidad que aquí no existe. No la hubo. Por eso, y por mucho que escueza en el Pizjuán, la decisión de no señalar penalti no solo es defendible: es la que mejor se ajusta a los criterios que el arbitraje español dice que va a aplicar esta temporada.