Jorge Baliño anuló el 2-0 de Platense por una mano de Luciano Giménez, pero la gran polémica estaba unos segundos antes: Dylan Gorosito había tocado el balón con el brazo dentro del área.

 

Hay jugadas que se explican. Y hay jugadas que, cuanto más se miran, menos sentido tienen.

Platense y Boca Juniors empataron 1-1 en el Estadio Ciudad Vicente López en la segunda jornada del Torneo Clausura argentino, pero el resultado pudo ser muy diferente. Con el conjunto local ganando 1-0, Luciano Giménez marcó lo que parecía el segundo tanto. Jorge Baliño terminó anulándolo después de que el VAR detectara una mano del delantero.

Hasta ahí, el procedimiento parece sencillo. El problema es que la mano de Luciano Giménez no fue la primera mano de la jugada.

 

La mano que quedó en segundo plano

 

Antes de que el delantero de Platense tocara el balón con el brazo, Dylan Gorosito había intervenido en la acción con su mano dentro del área. El defensor de Boca intentó cortar la jugada y el balón impactó en su brazo. Y aquí aparece la pregunta que el arbitraje argentino debería responder: ¿por qué se analizó con lupa la mano de Giménez y no se consideró penalti la acción anterior de Gorosito?

El VAR, dirigido por Lucas Novelli, revisó la secuencia. Baliño recibió la información necesaria para terminar anulando el gol de Platense por la mano inmediata de Giménez. Sin embargo, la mano del defensor de Boca no fue considerada sancionable. La explicación posterior del equipo arbitral fue que se trataba de una jugada “gris”, por la cercanía y porque el brazo acompañaba un movimiento natural.

Y ahí es donde empieza el problema. Porque una cosa es discutir si una mano es deliberada. Otra muy distinta es aceptar como normal una posición del brazo que puede generar una ventaja defensiva dentro del área y, acto seguido, sancionar la mano del atacante que sucede después.

 

El VAR escogió una mano y descartó la otra

 

La cuestión no es que Giménez tocara el balón con la mano. Ese contacto existió y, al producirse inmediatamente antes de marcar, podía impedir que el gol fuera concedido incluso aunque el contacto fuese accidental. La propia Regla 12 contempla esa situación. El verdadero escándalo está unos instantes antes.

Si la mano de Gorosito era penalti, no podía desaparecer de la jugada simplemente porque después apareciera otra mano. El orden de los acontecimientos importa. Mucho. Platense tenía una ocasión de ponerse 2-0. El VAR entró en escena. Encontró el motivo para invalidar el gol, pero no encontró —o no consideró sancionable— el contacto anterior que podía haber terminado en penalti para el equipo local. Demasiado conveniente para una herramienta que precisamente nació para revisar la jugada completa.

 

 

Y el resultado vuelve todavía más grave la decisión

 

Porque no estamos hablando de una acción perdida en un 4-0. Platense ganaba 1-0. El supuesto penalti habría podido colocar el partido 2-0. Y finalmente Boca reaccionó y empató 1-1 gracias al gol de Miguel Merentiel en el minuto 79. ¿Habría ganado Platense con un 2-0? Nadie puede asegurarlo. El fútbol no funciona con matemáticas tan sencillas.

Pero sí hay una certeza: un penalti habría cambiado por completo el escenario del partido. Y eso es precisamente lo que hace especialmente grave la actuación de Baliño y del VAR. El problema del VAR no es equivocarse. El problema aparece cuando una herramienta creada para eliminar errores termina ofreciendo una revisión incompleta de una jugada decisiva. En el Estadio Ciudad Vicente López ocurrió algo difícil de defender: se vio una mano, se sancionó una mano y se dejó pasar la mano anterior.

Platense perdió dos puntos. Boca rescató uno. Y el arbitraje argentino vuelve a dejar una pregunta encima de la mesa: si el VAR tiene todas las cámaras para revisar una jugada, ¿cómo puede mirar únicamente la parte que interesa para anular un gol y no la acción que puede cambiar el resultado?