EL CHIP DEL BALÓN NO ES INFALIBLE: POR QUÉ NO HAY QUE CREERSE EL CUENTO DE LA PERFECCIÓN.

 

El CTA ha publicado hoy un documento en el que desarrolla cómo funcionará el chip del balón que la Liga española implementará esta temporada. Y como viene siendo costumbre, está todo pintado de maravilla: «momento exacto del fuera de juego milimétrico», «detección indiscutible de la mano fantasma», «prueba definitiva en la falta decisiva», «confirmación de doble toque a balón parado». Suena a tecnología infalible, a fin de las polémicas, a que a partir de ahora lo que diga el chip va a misa. Vamos a explicar, con calma y con memoria reciente, por qué eso no es verdad.

 

Empecemos por la palabra clave: «indiscutible»

 

El documento habla de detección «indiscutible». Es una palabra grande, y es justo la que el propio Mundial de hace un mes se encargó de desmentir. Porque si algo dejó claro el torneo es que el chip acierta muchas veces, sí, pero también falla. Y no de forma anecdótica.

 

 

Hubo varias acciones de análisis de fuera de juego en las que el frame elegido mostraba el balón todavía sin ser golpeado, o ya saliendo del pie —no una, sino varias, como sucedió en el Argentina – Argelia, por ejemplo. Y hubo al menos un caso en el que el sensor no detectó un toque que sí existió, como fue durante el Inglaterra – Noruega tras un desvío de la spider cam previo al empate de los ingleses. Cuando la herramienta que te venden como «prueba definitiva» comete errores de este tipo en el escaparate más grande del mundo, lo mínimo es exigir prudencia antes de canonizarla.

 

 

El chip es tecnología. Y la tecnología falla.

 

Conviene recordar algo elemental que el marketing esconde: el chip es un dispositivo físico metido dentro de un balón. Y un balón, durante un partido, recibe patadas, golpes, choques y presiones constantes. ¿Qué puede fallar? Prácticamente todo:

Se puede romper. Aunque no se haya comunicado oficialmente, ha habido balones que terminaron partidos con el chip inutilizado. Cuando se quiso tirar de esa herramienta, no se pudo, y sencillamente no se emitió. Ha habido encuentros en los que el dato del chip no apareció por ninguna parte, y no fue casualidad: fue un fallo del dispositivo.

La batería se agota. El chip funciona con batería. Por mucho que se anuncie una autonomía de horas, una batería puede fallar y dejar de emitir en cualquier momento del partido. Ya ha ocurrido.

No sabe distinguir entre toques simultáneos. Esta es clave. En una jugada real hay decenas de contactos, roces y rebotes. Cuando el balón golpea una mano después de rozar una pierna, un pecho o un rival, ¿cuál de todos esos toques es el que marca el sensor? El chip detecta vibraciones, pero cuál corresponde a qué sigue siendo, muchas veces, pura interpretación. Venderlo como que aísla el toque exacto en una maraña de contactos es, cuanto menos, optimista.

 

La memoria de 2022 que a todos se les ha olvidado

 

Aquí está el dato que desmonta el relato triunfalista. El chip conectado se estrenó en el Mundial de 2022. Y luego desapareció durante cuatro años. No se volvió a implementar hasta este Mundial. ¿De verdad alguien cree que fue casualidad?

La FIFA busca implementar cualquier avance tecnológico en cuanto lo tiene medianamente listo. Que una herramienta como esta pasara cuatro años sin señales de vida solo se explica de una manera: en 2022 no funcionó como se prometió. Y si ahora ha vuelto, no es porque se haya vuelto infalible, sino porque han decidido que ya está lo bastante madura para reintroducirla. Que no es lo mismo.

Ya hemos visto esta película: el fuera de juego semiautomático

 

El chip llega con exactamente el mismo envoltorio con el que llegó el fuera de juego semiautomático. Entonces también nos dijeron que iba a ser espectacular, tecnología de otro planeta, el fin de las dudas. Periodistas afines al CTA aseguraban que íbamos a alucinar.

¿Y qué vimos? Errores. Cuerpos mal generados, piernas estiradas hasta lo imposible, líneas que no cuadraban. Tantos fallos que, en Primera y Segunda, ha habido que tirar de las líneas manuales decenas de veces porque el sistema semiautomático no resolvía. La herramienta «definitiva» necesitó, una y otra vez, el rescate del método viejo.

 

Una predicción sin mucho riesgo

 

Permítannos un pequeño spoiler. La Liga implementa el chip, perfecto. Pues bien: en el primer mes de competición veremos ya dos o tres acciones problemáticas. Un frame que no será el correcto, un balón que ya estará saliendo o aún sin golpear, o directamente una repetición que no se emitirá en una jugada en la que debería. ¿Por qué lo decimos con tanta seguridad? Porque va a fallar. Porque es tecnología, y la tecnología, cuando se le exige perfección absoluta, decepciona.

 

Conclusión

 

Que quede claro: el chip del balón es un avance, y bienvenido sea como herramienta de apoyo. El problema no es la tecnología, es el relato. Venderla como «indiscutible», «definitiva» y libre de todo error es repetir el mismo error de siempre: prometer una perfección que no existe. El chip no es más que un semiautomático 2.0 metido en un balón. Ayudará, sí. Pero fallará. Y cuando lo haga, más vale que nadie se sorprenda, porque avisados quedan.