El mundo del fútbol, dividido entre el sentido común y el querer ver fantasmas donde no los hay.

 

Anoche la FIFA puso el punto final a un debate que nunca debió durar tanto. Tras el revuelo mundial por la Circular 34 de la IFAB, que medios de medio planeta vendieron como «la IFAB admite que Embolo fue mal expulsado», el organismo que gobierna el fútbol salió a decir lo que nosotros ya explicamos ayer aquí: que la aplicación de la confusión de identidad durante el Mundial fue correcta, consistente y conocida por la propia IFAB. La FIFA fue más allá y usó dos palabras que resumen todo el asunto: la decisión final «restauró la justicia».

Conviene entender qué pasó de verdad, porque el ruido ha tapado un caso que es sencillo.

 

La IFAB recibió con buenos ojos la interpretación

 

La IFAB no ha rectificado un error. Ha hecho lo que mejor sabe hacer: aclarar una norma propia mal redactada. Van 34 circulares, y por algo van. Antes del Mundial, el protocolo incluía una coletilla que permitía revisar la infracción «en el contexto de la confusión de identidad». Esa puerta entreabierta es la que la FIFA cruzó, cogiéndola con pinzas, sí, pero dentro del marco, para sancionar simulaciones que dejaban a un rival injustamente amonestado. ¿Qué ha hecho ahora la IFAB? Cerrar esa puerta. Ha eliminado la coletilla y ha dejado la norma en seco: la infracción no se revisa, solo se corrige a quién va la tarjeta. Punto.

Fíjense bien en la secuencia, porque lo cambia todo: la norma se cierra después del Mundial, no antes. Durante el torneo, la interpretación estaba viva y era de obligado cumplimiento. Que a posteriori se acote no convierte en error lo que se hizo cuando la directriz estaba vigente. Esto ha pasado mil veces en el fútbol. La liga española probó durante meses castigar como juego brusco grave cualquier contacto en el tendón de Aquiles, expulsó a jugadores por ello, y luego suprimió la interpretación porque estaba sancionando contactos que no daban para tanto. ¿Fueron errores aquellas expulsiones? No. Era la directriz vigente entonces. Igual que las pruebas del chip en el balón en 2022, que se ensayaron en un Mundial y no se aplicaron después. Se prueba, se evalúa, se decide. Así funciona esto.

Y aquí llega lo importante, lo que hay que decir sin miedo: quien ve un robo en el Argentina – Suiza es porque quiere verlo.

 

Embolo merecía la expulsión, con o sin VAR

 

Pongámonos en situación. En un mundo donde el arbitraje fuese perfecto, donde no existieran los errores humanos, ¿qué habría pasado con Embolo? Que habría sido expulsado igual. Se tiró. Simuló de forma flagrante. Y simular es tarjeta amarilla. Él ya tenía una. La segunda cae sola. Con VAR, sin VAR, con directriz o sin ella, Embolo tenía que abandonar el campo. Entonces, ¿dónde está el robo? ¿Dónde está la injusticia, si el jugador sancionado es exactamente el que debía ser sancionado? El robo, el de verdad, habría sido el contrario: que Embolo siguiera en el césped premiado por su piscinazo.

Es más. Conviene recordar cómo empieza todo, porque es demoledor para la teoría del complot. El origen de la jugada es un error del árbitro en contra de Argentina. Pinheiro no es que no vea la simulación: es que cree ver una falta que no existe y amonesta a Paredes. El primer equivocado del lance perjudica a Argentina, no a Suiza. Es la intervención posterior, amparada en la directriz, la que corrige ese error y coloca la tarjeta donde tocaba. Así que si alguien quiere hablar de errores, que empiece por el principio: el fallo inicial fue contra la Albiceleste, y lo que vino después fue una corrección, no un regalo.

 

La FIFA indica y los árbitros obedecen

 

Queda el argumento de fondo, el que zanja el asunto. En el Mundial manda la FIFA. Ella convoca a los árbitros, les explica la normativa, los designa y dirige todo el aparato arbitral del torneo. Si la FIFA dice que un punto del reglamento se va a interpretar de una determinada manera, se interpreta así, y los colegiados que la aplican actúan de forma correcta por definición. No existe el escenario de «la IFAB salió a decir que la FIFA lo hizo mal», y no existe por un motivo simple: la IFAB está compuesta por la propia FIFA y las cuatro federaciones británicas. Van de la mano. La IFAB jamás va a desautorizar a la FIFA sobre una directriz de torneo; a lo sumo la afinará para el futuro, que es justo lo que ha hecho. De hecho, la FIFA lo confirmó anoche negro sobre blanco: estuvieron en contacto con la IFAB durante todo el proceso, y esta validó la interpretación y celebró que fuera bien recibida.

Así que dejémonos de cuentos. La Circular 34 no es una condena, es una aclaración. El comunicado de la FIFA no es una rectificación, es un respaldo. Y la expulsión de Embolo no es un atraco, es justicia deportiva llegando a su destino por el camino que el reglamento, en ese momento, permitía transitar. Lo demás es querer ver fantasmas. Y la última pregunta es clara, ¿Qué habría pasado cambiando los protagonistas? ¿Y si Embolo fuese Paredes y viceversa? ¿Los mismos que hablan de robo e injusticia estarían clamando al cielo? Tú mismo sabes la respuesta sin que nosotros te la digamos.