Debacle histórica de Daniel Siebert a los mandos de un Arsenal – Atlético de Madrid con cuatro acciones polémicas.

 

El Atlético de Madrid cayó ayer eliminado ante el Arsenal en un partido marcado por un arbitraje absolutamente desastroso de Daniel Siebert. Un encuentro de semifinales de Champions League que le vino gigantesco al colegiado alemán y en el que el Atlético fue claramente perjudicado. No por una acción aislada o una interpretación gris, sino por una concatenación de errores graves que terminaron condicionando completamente el desarrollo del partido.

Y es que hablar del arbitraje de Siebert es hablar de uno de los peores arbitrajes que se recuerdan esta temporada en Champions League. Un árbitro superado desde el minuto uno, sin control emocional del encuentro, errático en la toma de decisiones y constantemente necesitado de ayuda externa. Un caos absoluto para un partido de este nivel.

 

Penalti fantasma de Calafiori sobre Giuliano

 

La primera gran polémica llega ya en la primera mitad. Oblak lanza un balón largo a la espalda de la defensa del Arsenal y Giuliano Simeone arranca completamente habilitado. Esto ha quedado evidenciado tras salir a la luz una toma táctica general donde se aprecia claramente que no existe fuera de juego. Sin embargo, el asistente levanta la bandera y Daniel Siebert decide detener la acción inmediatamente. Un error gravísimo.

 

 

Porque si algo se le exige a un árbitro de élite es precisamente esto: dejar finalizar la jugada. Más aún en una acción tan ajustada y con un atacante lanzado hacia portería. El protocolo es clarísimo desde hace años. Ante una acción milimétrica, se deja terminar la jugada y después interviene el VAR si corresponde. Siebert hizo exactamente lo contrario.

Y el problema es que segundos después se produce un empujón clarísimo de Calafiori sobre el argentino dentro del área. Un penalti evidente. Un empujón con las dos manos que derriba al jugador rojiblanco cuando encaraba portería. Pero claro, como el árbitro ya había detenido la jugada antes, el VAR no puede intervenir.

Es decir, el Atlético se queda sin la posibilidad siquiera de revisar una acción clarísima por culpa de un error técnico impropio de un árbitro de semifinales de Champions League.

 

El VAR se lavó las manos en toda la segunda mitad

 

La segunda gran polémica llega ya en la segunda mitad y vuelve a dejar muy señalado al colegiado alemán. Giuliano aprovecha un error defensivo del Arsenal, recorta a David Raya y se queda prácticamente a puerta vacía. En ese momento aparece Gabriel y le agarra claramente del brazo.

 

 

No es un agarrón exagerado. No es un tirón brutal de camiseta. Pero es un agarrón suficiente para cumplir exactamente el objetivo que buscaba el defensa: desestabilizar al delantero. Y lo consigue.

Giuliano pierde estabilidad justo antes del remate y termina enviando el balón fuera. Aquí está la clave de la jugada. Mucha gente sigue confundiendo intensidad con consecuencia. No hace falta arrancarle la camiseta a un jugador para cometer penalti. Basta con impedirle rematar en una ocasión manifiesta de gol. Y eso es exactamente lo que sucede.

Estamos hablando de un jugador que, si no recibe ese agarrón, marca prácticamente seguro. Portería vacía. Remate franco. Gol casi cantado. El pequeño desequilibrio provocado por Gabriel basta para evitar el tanto y por eso la acción es penalti. Pero el arbitraje de Siebert todavía podía empeorar más.

 

Un tercer penalti al limbo

 

La jugada más grave del partido llega minutos después, cuando Calafiori pisa claramente a Griezmann dentro del área. Un penalti absolutamente clarísimo. Sin discusión. Sin interpretación posible. Un pisotón evidente que debió acabar con el Atlético lanzando desde los once metros.

 

 

Sin embargo, el colegiado decide invalidar toda la acción por una supuesta falta previa de Marc Pubill sobre Gabriel. Una falta inexistente.

Ambos jugadores van a disputar un balón alto y es Gabriel quien entra con la plancha, mientras Pubill acude con la pierna recogida. De hecho, es el futbolista del Atlético quien llega antes al balón. Después existe un contacto mínimo entre ambos cuerpos, prácticamente residual, una simple pugna completamente normal en fútbol. Pero Siebert compra una falta que jamás debió señalarse.

Y lo más grave es que el penalti posterior sí era revisable porque el árbitro todavía no había detenido oficialmente el juego en el momento del pisotón. El VAR tenía margen para intervenir y corregir la acción. No lo hizo. Otro error más. Otro penalti que el Atlético no pudo lanzar.

Con esto, el conjunto rojiblanco se quedó sin dos penaltis clarísimos y sin la posibilidad de revisar un tercero que también apuntaba claramente a pena máxima.

 

¿Posible roja directa para Pubill?

 

La última acción polémica fue la más debatida por el sector del Arsenal: la posible expulsión de Marc Pubill sobre Gyokeres. El defensa rojiblanco agarra claramente al delantero sueco cuando este trataba de marcharse hacia portería. Aquí sí estamos ante una acción mucho más gris.

Porque aunque es cierto que Pubill es último hombre, también lo es que Gyokeres todavía debía controlar un balón complicado que viajaba hacia banda y que además Nahuel Molina se aproximaba peligrosamente a la jugada. Es decir, no se cumplen de forma totalmente evidente todos los requisitos de ocasión manifiesta de gol. Por eso la amarilla puede sostenerse perfectamente.

Ahora bien, también es verdad que si Siebert hubiera mostrado roja directa en el campo, probablemente el VAR tampoco habría intervenido. Es una acción muy al límite, muy interpretable y mucho más discutible que el resto de decisiones del encuentro. Pero precisamente eso hace todavía más grave lo sucedido anteriormente. Porque mientras la posible roja entra en zona gris, los penaltis no.vLos penaltis son claros. Los errores son claros. Y el arbitraje de Daniel Siebert fue un absoluto desastre.

 

El experimento fallido de la UEFA

 

La UEFA lleva dos semifinales apostando por árbitros que claramente no están preparados para gestionar partidos de este nivel. Ya ocurrió en la ida y volvió a repetirse ayer. Árbitros sin jerarquía suficiente, sin control emocional y sin capacidad para soportar la presión de unas semifinales de Champions League.

Y lo de ayer debería hacer reflexionar seriamente a la UEFA de cara a la final.

Porque un partido de esta magnitud no puede quedar condicionado por un arbitraje tan pobre, tan superado y tan lejos del nivel que exige la máxima competición europea.