El VAR, para variar, volvió a dar la nota en el Real Oviedo – Villarreal, yendo contra su propio criterio de la presente temporada
El arbitraje español vuelve a situarse en el centro de la polémica tras lo ocurrido en el Real Oviedo–Villarreal, con una decisión del VAR que, lejos de aclarar el reglamento, abre un escenario aún más preocupante: el de los criterios inexistentes o, peor aún, los criterios cambiantes según el momento.
La acción es clara en su desarrollo. Penalti a favor del Villarreal, lanzamiento, parada del portero y, tras varios segundos, el VAR decide que el penalti debe repetirse por una supuesta invasión de área de Ilyas Chaira. Hasta ahí, la decisión. El problema llega cuando se intenta entender el porqué.
A partir de las imágenes ofrecidas, solo existen dos posibles explicaciones. Y ambas dejan en muy mal lugar a Trujillo Suárez, árbitro de VAR.
Lo que sería la primera invasión de área por pisar la línea de toda la temporada
La primera opción es que el VAR haya considerado que Ilyas invade el área por estar pisando la línea en el momento del lanzamiento. Si este es el criterio, la pregunta es inmediata: ¿por qué ahora sí y durante toda la temporada no? Porque penaltis con jugadores pisando la línea hay en absolutamente todas las jornadas. No es una excepción, es la directriz. De hecho, se han analizado múltiples acciones, tanto en Primera como en Segunda División, en las que jugadores que posteriormente acuden al rechace parten con el pie sobre la línea. En ninguna de ellas se repitió el penalti.
En LaLiga EA Sports sucedió hace apenas unas jornadas en el Sevilla – Girona, cuando Alexis Sánchez, pisando claramente la línea, acudía al rechace por delante de Hugo Rincón, que corrió detrás de él. No hubo repetición alguna.

Y no solo en Primera División. Existen casos esta misma temporada en LaLiga Hypermotion en los que el jugador no solo pisa la línea, sino que además influye directamente en la jugada posterior. En un Cultural Leonesa – Huesca, un futbolista llega antes que su rival al rechace partiendo desde la media luna, en la zona derecha, con la puntera del pie sobre la línea, como Ilyas. No se repitió.

En un Leganés – Real Valladolid, otro jugador, también en esa misma situación, no solo interviene en el rechace, sino que incluso comete una infracción posterior. Tampoco se repite el penalti. El VAR, en ambos casos, consideró que no había invasión punible.

Por tanto, si lo de Oviedo es infracción, lo eran también todas esas acciones anteriores. Y no se sancionaron. Esto no es interpretación. Esto es incoherencia.
Lo que sería una evidencia de que Trujillo Suárez no está para estas cosas
La segunda opción es todavía más grave. Que el VAR haya interpretado que Ilyas estaba dentro del área por la posición de su pierna derecha, la que aparece en la imagen ofrecida por la realización. El problema es que esa pierna no está apoyada en el suelo. Está en el aire. Lo que podría haber ocurrido es que la perspectiva de la cámara utilizada haya generado una ilusión óptica, haciendo parecer que pisa el área cuando en realidad no lo hace.

Si esa es la explicación, estamos ante un error técnico de enorme magnitud. Porque significaría que desde la sala VAR se ha tomado una decisión basándose en una percepción errónea de profundidad, algo básico en el análisis visual de una jugada. Y eso ya no es un problema de criterio. Es un problema de capacidad.
Error monumental independientemente de la opción elegida
En cualquiera de los dos escenarios, la conclusión es demoledora. O bien se ha aplicado un criterio que no se ha utilizado en toda la temporada, o bien se ha cometido un error de apreciación impropio del nivel profesional que se exige en el VAR. No hay una tercera vía.
Y lo más preocupante es que esta decisión no es inocua. No es una acción aislada sin consecuencias. El Real Oviedo se jugaba tres puntos vitales en la lucha por la permanencia. Tres puntos que, tras esta decisión, no llegaron. La diferencia es clara: de poder colocarse a cuatro puntos de la salvación, pasa a quedarse a seis a falta de seis jornadas. En este contexto, cada decisión cuenta. Y esta, directamente, condiciona la clasificación.
El CTA filtra una nueva excusa de última hora
En las últimas horas, además, ha comenzado a circular una nueva justificación por parte de voces cercanas al CTA: que la invasión solo debe sancionarse si el jugador influye directamente en el lanzador o en el resultado inmediato de la jugada. Un argumento que, más allá de no sostenerse reglamentariamente en estos términos, tampoco resiste el más mínimo contraste con lo ocurrido durante la temporada. Existen múltiples acciones, tanto en Primera como en Segunda División, en las que jugadores partiendo desde la línea o incluso invadiendo claramente el área han intervenido directamente en el rechace, llegando antes que sus rivales o condicionando la acción posterior. Y en ninguna de ellas se repitió el penalti. Véase las acciones mencionadas en la primera parte de la noticia.
Por tanto, introducir ahora este matiz como explicación no hace más que agravar la situación. Porque no solo se estaría aplicando un criterio inexistente hasta la fecha, sino que además se estaría haciendo de forma selectiva. Si la influencia en la jugada fuera realmente el factor determinante, decenas de penaltis a lo largo del curso habrían sido repetidos. No lo fueron. Y ese es el problema: no estamos ante una cuestión de interpretación puntual, sino ante un intento de justificar a posteriori una decisión que no encaja ni con el reglamento aplicado durante la temporada ni con los precedentes más recientes.
El problema de los criterios veleta y excusas improvisadas
El problema de construir el relato a base de explicaciones cambiantes es que la hemeroteca no falla. Se pueden lanzar argumentos nuevos, matices de última hora o interpretaciones que no se habían visto en toda la temporada, pero cuando existen precedentes claros que los contradicen, todo se cae por su propio peso. Porque las excusas pueden sostener una decisión durante unas horas, pero no resisten el paso del tiempo ni el contraste con la realidad.
Y ahí es donde está el verdadero daño. No en el error puntual, que puede existir, sino en la necesidad constante de justificarlo con argumentos que no se aplicaron antes y que no se aplicarán después. Porque cuando el criterio aparece solo para explicar una jugada concreta, deja de ser criterio y pasa a ser una simple coartada. Y en ese escenario, por mucho que se intente imponer un relato, la evidencia termina imponiéndose siempre. Siempre.