De Burgos Bengoetxea se hizo el sueco en su segunda revisión de VAR del Real Mallorca – Espanyol para intentar evitar una nevera que será automática… si el CTA tiene un mínimo de decencia.

 

El Real Mallorca – Espanyol dejó una de las decisiones arbitrales más difíciles de explicar de toda la temporada. Una jugada que, más allá de la polémica habitual del fútbol, apunta directamente a un error de enorme gravedad por parte del árbitro del encuentro, De Burgos Bengoetxea, y que podría tener consecuencias disciplinarias si el Comité Técnico de Árbitros no decide vacilar a todo el mundo.

La acción se produce en el minuto 65 del partido. Samu Costa, jugador del Mallorca, arma el disparo desde la frontal del área cuando aparece Urko González, del Espanyol, para disputar el balón. Lo importante de la jugada no es solo que Urko llegue antes, sino cómo llega. No se trata de una situación en la que el defensor simplemente coloque el pie delante para bloquear el disparo, algo que en muchas ocasiones genera debate. En este caso, Urko llega claramente al balón, lo pisa y se hace con la posesión. Es decir, controla la pelota antes de que el disparo llegue a producirse.

En ese preciso momento, Samu Costa termina impactando con un patadón evidente sobre el jugador del Espanyol, que ya había ganado la acción. Es una infracción clara: el jugador que llega tarde golpea al que ya se ha hecho con el balón. Una falta que, además, se produce en una zona muy peligrosa del campo. Sin embargo, De Burgos Bengoetxea decidió conceder el gol en directo.

 

El VAR avisó, por segunda vez, a De Burgos Bengoetxea

 

Desde la sala VAR, el árbitro López Toca, colegiado habitual de Segunda División, detectó la infracción y avisó al árbitro principal para que acudiera al monitor a revisar la jugada. Hasta ahí, todo dentro de lo normal. Pero el contexto del partido añade un elemento que explica buena parte de lo ocurrido.

En la primera parte, De Burgos Bengoetxea ya había sido llamado al monitor para corregir otra acción importante: una jugada de posible roja directa que él no había visto. Esa intervención del VAR ya suponía un error claro de apreciación. Y el propio CTA ha dejado claro esta temporada cuál es el criterio: dos correcciones del VAR en un mismo partido suelen implicar nevera automática para el árbitro.

Cuando De Burgos Bengoetxea acudió al monitor en el minuto 66, sabía perfectamente lo que estaba en juego.

 

Casi 3′ de puro show en el monitor

 

La revisión comenzó exactamente en el 66:10 y no terminó hasta el 68:50. Es decir, dos minutos y cuarenta segundos de revisión ante el monitor. Un tiempo completamente desproporcionado para una acción que, en las primeras repeticiones, se veía con absoluta claridad. Las primeras cámaras mostraban de forma evidente cómo Urko pisaba el balón antes del golpeo y cómo Samu Costa llegaba tarde, impactando con una patada clara. Una jugada sencilla de interpretar para cualquier árbitro. Pero la revisión se prolongó de forma incomprensible.

 


De Burgos Bengoetxea empezó a pedir más cámaras y más repeticiones, hasta el punto de que las últimas imágenes que se le mostraron eran prácticamente inútiles para analizar la acción. Algunas de esas tomas apenas permitían ver el contacto. Y fue precisamente en esas repeticiones donde se pudo ver al árbitro negar con la cabeza, como si intentara justificar que la infracción no era lo suficientemente clara.

La sensación que dejó la revisión fue muy clara: el árbitro parecía buscar una cámara que generara dudas, no confirmar lo que mostraban las primeras imágenes. Y, tras casi tres minutos delante del monitor, De Burgos Bengoetxea decidió mantener su decisión inicial y conceder el gol.

Una decisión que resulta extremadamente difícil de justificar desde el punto de vista arbitral. Porque la jugada es simple: un defensor llega antes, controla el balón y el atacante llega tarde con una patada. No hay interpretación compleja ni zona gris.

 

El CTA, si no decide participar del lamentable espectáculo, le mandará a la nevera

 

La conclusión es inevitable: si el CTA no decide deleitarnos con una nueva justificación surrealista de un grave error, De Burgos Bengoetxea debería ir a la nevera tras este partido. No solo por el error en sí, sino por el contexto. Un árbitro que ya había sido corregido una vez por el VAR en el mismo encuentro y que, ante una segunda revisión clarísima, decide mantener una decisión incorrecta.

Lo más preocupante no es únicamente el error. Lo verdaderamente grave es la sensación de que la decisión final no se toma por convicción arbitral, sino por el contexto que rodeaba al propio árbitro.

Si el Comité quiere mantener el mínimo de credibilidad que le queda, esta acción debería tener consecuencias. Porque estamos, sin exagerar, ante uno de los errores arbitrales más graves de toda la temporada.